Conducir es una actividad cotidiana para millones de personas, pero eso no significa que siempre lo hagamos bien. Con el paso del tiempo, y casi sin darnos cuenta, vamos incorporando pequeños hábitos al volante que terminan formando parte de nuestra rutina. El problema es que muchos de esos hábitos no solo no ayudan, sino que aumentan el riesgo de accidente y, además, nos exponen a sanciones que pueden evitarse con un poco más de atención y conciencia.
La mayoría de los incidentes en la carretera no se producen por grandes temeridades, sino por comportamientos repetidos, normalizados y asumidos como «no pasa nada». Y precisamente por ello es tan importante identificar esos malos hábitos al volante, entender por qué son peligrosos y, sobre todo, aprender a desterrarlos para poder conducir de forma más segura, eficiente y tranquila.
2No respetar la distancia de seguridad
Otro de los hábitos más comunes —y más sancionados— es circular demasiado cerca del vehículo que nos precede. La falta de distancia de seguridad elimina cualquier margen de maniobra ante un frenazo brusco, un obstáculo o una retención inesperada. Es uno de esos comportamientos que muchos conductores mantienen por inercia, especialmente en tráfico denso.
Mantener la distancia correcta no solo reduce el riesgo de colisión por alcance. También ayuda a una conducción más fluida y relajada. La regla de los dos segundos es una buena referencia en condiciones normales. Cuando llueva, haya poca visibilidad o el asfalto esté en mal estado, amplía algo más esa distancia. Cambiar este hábito mejora la seguridad y reduce el estrés al volante.


