Con la llegada del invierno, la sal vuelve a convertirse en una aliada imprescindible para mantener las carreteras transitables. Cada vez que bajan las temperaturas y aparecen las heladas, toneladas de este compuesto se esparcen sobre el asfalto para evitar la formación de hielo y mejorar la seguridad vial. Gracias a ella, miles de conductores pueden seguir circulando con menor riesgo en condiciones adversas.
Sin embargo, lo que es una solución eficaz para la carretera puede convertirse en un serio problema para tu coche. La sal, especialmente cuando se combina con humedad, es uno de los grandes enemigos silenciosos de la carrocería, los bajos y algunos componentes mecánicos. Lo peor es que muchos conductores no son conscientes del daño hasta que ya es demasiado tarde. La buena noticia es que evitar sus efectos negativos es más sencillo de lo que parece.
5Protección extra para los más precavidos
Para quienes viven en zonas frías o circulan habitualmente por carreteras de montaña, existen medidas adicionales. Una de ellas es la aplicación de tratamientos anticorrosión en los bajos del coche, especialmente en vehículos con varios años de antigüedad. Estos productos crean una capa protectora que dificulta que la sal y la humedad entren en contacto directo con el metal.
También es recomendable revisar periódicamente el estado de la pintura y reparar pequeños golpes o desconchones cuanto antes. Un simple punto sin protección puede convertirse en el inicio de un problema mayor si la sal se introduce y empieza a trabajar desde dentro. La prevención, en este caso, marca la diferencia entre un coche que envejece bien y otro que sufre antes de tiempo.








