Con la llegada del invierno, la sal vuelve a convertirse en una aliada imprescindible para mantener las carreteras transitables. Cada vez que bajan las temperaturas y aparecen las heladas, toneladas de este compuesto se esparcen sobre el asfalto para evitar la formación de hielo y mejorar la seguridad vial. Gracias a ella, miles de conductores pueden seguir circulando con menor riesgo en condiciones adversas.
Sin embargo, lo que es una solución eficaz para la carretera puede convertirse en un serio problema para tu coche. La sal, especialmente cuando se combina con humedad, es uno de los grandes enemigos silenciosos de la carrocería, los bajos y algunos componentes mecánicos. Lo peor es que muchos conductores no son conscientes del daño hasta que ya es demasiado tarde. La buena noticia es que evitar sus efectos negativos es más sencillo de lo que parece.
2Cómo afecta la sal a tu coche
El principal daño que provoca la sal es la corrosión. Al mezclarse con el agua y la humedad ambiental, acelera la oxidación de metales. Esto afecta especialmente a los bajos del coche, una zona que no suele limpiarse con frecuencia y que está en contacto directo con el asfalto tratado.
Elementos como los frenos, la suspensión, el sistema de escape o los tornillos y anclajes metálicos son especialmente vulnerables. A largo plazo, la sal puede provocar óxido, gripado de piezas e incluso fallos mecánicos que derivan en reparaciones costosas. En la carrocería, si existen pequeños desconchones o arañazos, la sal puede colarse y acelerar la aparición de óxido visible.








