Con la llegada del invierno, la sal vuelve a convertirse en una aliada imprescindible para mantener las carreteras transitables. Cada vez que bajan las temperaturas y aparecen las heladas, toneladas de este compuesto se esparcen sobre el asfalto para evitar la formación de hielo y mejorar la seguridad vial. Gracias a ella, miles de conductores pueden seguir circulando con menor riesgo en condiciones adversas.
Sin embargo, lo que es una solución eficaz para la carretera puede convertirse en un serio problema para tu coche. La sal, especialmente cuando se combina con humedad, es uno de los grandes enemigos silenciosos de la carrocería, los bajos y algunos componentes mecánicos. Lo peor es que muchos conductores no son conscientes del daño hasta que ya es demasiado tarde. La buena noticia es que evitar sus efectos negativos es más sencillo de lo que parece.
1Por qué se usa sal en las carreteras
La sal se utiliza porque es barata, eficaz y actúa rápidamente. Al esparcirse sobre el asfalto, reduce el punto de congelación del agua, impidiendo que se forme hielo o ayudando a que se derrita más rápido. Esto mejora notablemente la adherencia de los neumáticos y reduce el riesgo de accidentes en episodios de frío extremo.
En España, aunque no todos los inviernos son igual de duros, su uso es habitual en zonas de montaña, carreteras secundarias y accesos urbanos cuando se esperan heladas. El problema es que, una vez la sal entra en contacto con el coche, comienza un proceso químico que puede afectar seriamente a diferentes partes del vehículo si no se toman medidas preventivas.








