Durante años, los coches híbridos enchufables han sido presentados como la solución perfecta para combinar lo mejor de dos mundos: la eficiencia eléctrica en ciudad y la autonomía de un motor de combustión para viajes largos. Fabricantes, administraciones y muchos conductores los han abrazado como un paso lógico hacia una movilidad más sostenible sin renunciar a la comodidad. Sin embargo, esa imagen tan favorable empieza a resquebrajarse.
Un reciente estudio alemán ha puesto cifras y contexto a una sospecha que llevaba tiempo flotando en el ambiente: en condiciones reales de uso, muchos híbridos enchufables consumen mucho más de lo que prometen. De hecho, en algunos casos, el gasto de combustible se multiplica por tres respecto a las cifras oficiales. Un dato demoledor que abre un debate incómodo sobre el futuro de esta tecnología.
2Homologaciones optimistas y uso real
El gran problema de los híbridos enchufables está en cómo se homologan. El ciclo WLTP permite que el coche inicie la prueba con la batería completamente cargada, lo que reduce drásticamente el consumo durante los primeros kilómetros. Sobre el papel, eso se traduce en cifras espectaculares que seducen a los compradores y reducen las emisiones medias de los fabricantes.
Pero la vida real es otra historia. Ya sea por falta de puntos de carga, por comodidad o simplemente por desconocimiento, muchos usuarios no cargan el coche a diario. En esos casos, el híbrido enchufable arrastra cientos de kilos de batería sin apenas apoyo eléctrico, funcionando como un coche de combustión pesado y poco eficiente. ¿El resultado? Más consumo de combustible y más emisiones de CO2 de lo esperado.


