La Guardia Civil es uno de los pilares fundamentales de la seguridad vial en España. Sus agentes vigilan nuestras carreteras, controlan el tráfico y velan por el cumplimiento de las normas con un objetivo claro: reducir la siniestralidad y salvar vidas. Sin embargo, en los últimos días ha surgido una polémica que pone en entredicho determinadas prácticas internas y la coherencia con lo exigido a los conductores.
Las imágenes difundidas por la propia Guardia Civil de Tráfico han destapado un serio problema: la colocación de radares y pantallas en una zona crítica del vehículo, justo delante del airbag del acompañante. Una práctica que va en contra de las recomendaciones de seguridad de la DGT y que, paradójicamente, puede poner en riesgo la integridad de los propios agentes que patrullan las carreteras.
5Un problema que va más allá de los radares
Este episodio no es un caso aislado. Los propios agentes de la Guardia Civil llevan tiempo denunciando otras irregularidades relacionadas con los vehículos oficiales. Falta de espacio en los maleteros, material transportado sin sujeción adecuada o coches que no cumplen con los requisitos de seguridad son quejas recurrentes dentro del cuerpo.
A ello se suma la escasez de vehículos, que obliga en algunos casos a compartir patrullas de forma poco operativa, o el uso de motocicletas en condiciones climáticas extremas. Todo ello dibuja un escenario preocupante en el que quienes deben garantizar la seguridad vial trabajan, paradójicamente, con medios que no siempre cumplen los estándares mínimos.







