La Guardia Civil es uno de los pilares fundamentales de la seguridad vial en España. Sus agentes vigilan nuestras carreteras, controlan el tráfico y velan por el cumplimiento de las normas con un objetivo claro: reducir la siniestralidad y salvar vidas. Sin embargo, en los últimos días ha surgido una polémica que pone en entredicho determinadas prácticas internas y la coherencia con lo exigido a los conductores.
Las imágenes difundidas por la propia Guardia Civil de Tráfico han destapado un serio problema: la colocación de radares y pantallas en una zona crítica del vehículo, justo delante del airbag del acompañante. Una práctica que va en contra de las recomendaciones de seguridad de la DGT y que, paradójicamente, puede poner en riesgo la integridad de los propios agentes que patrullan las carreteras.
1Radares mal ubicados y un riesgo evidente
La normativa de la DGT es clara en cuanto a los sistemas de seguridad pasiva de los vehículos. Desde 2006, los airbags son obligatorios, y su correcta funcionalidad es vital para reducir lesiones graves en caso de accidente. Sin embargo, las imágenes de la Guardia Civil muestran radares y pantallas instalados en el salpicadero del lado del pasajero, justo en la zona de despliegue del airbag.
Este detalle supone un riesgo enorme. En caso de colisión, el airbag se despliega a gran velocidad y con una fuerza considerable. Si hay un objeto rígido delante, ese elemento puede salir despedido o impactar directamente contra el ocupante, convirtiéndose en un proyectil potencialmente letal. La Guardia Civil, que exige a los conductores cumplir escrupulosamente las normas, estaría incumpliendo en este caso criterios básicos de seguridad.







