Cuando pensamos en un control de alcoholemia de la Guardia Civil, todos pensamos en el mismo procedimiento. El agente nos pide bajar la ventanilla, coger la boquilla de plástico y soplar con fuerza hasta que nos diga que paremos.
Sin embargo, este es solo uno de los métodos que utilizan las autoridades para vigilar nuestra seguridad. También hay una modalidad que permite a los agentes detectar si has bebido sin necesidad de obligarte a soplar: los controles pasivos.
2Cómo funcionan estos dispositivos de la Guardia Civil
El funcionamiento de estos alcoholímetros de aproximación es sencillo de entender, pero muy sofisticado. A diferencia de los modelos tradicionales que necesitan presión constante de aire para funcionar, estos sensores son muy sensibles a las moléculas de etanol. Cuando hablas, emites pequeñas partículas de aire que contienen información sobre lo que has ingerido. El dispositivo recoge ese aire ambiental cercano a tu rostro y lo procesa de manera instantánea. Es casi como si el aparato pudiera oler el alcohol en el ambiente de forma científica y objetiva.
No necesitas usar una boquilla desechable porque no hay contacto directo con el aparato. El agente simplemente lo sostiene a unos pocos centímetros de ti. Es importante que entiendas que este primer paso no es el que determina tu sanción definitiva, sino que actúa como una señal de alerta. Si el dispositivo identifica presencia de alcohol, aunque sea en una cantidad mínima, el protocolo cambia de inmediato. En ese caso, el agente te pedirá que bajes del vehículo para realizar una prueba más precisa con el alcoholímetro de precisión, que es el que tiene validez legal para poner una multa.


