Cuando pensamos en territorios gigantescos, solemos asociarlos a interminables carreteras, grandes autopistas y una movilidad basada casi por completo en el coche. Sin embargo, existe un lugar en el mundo que rompe por completo esa lógica. Se trata de Groenlandia, la isla más grande del planeta, con una superficie que cuadruplica la de España… y donde, sorprendentemente, no existe ni un solo kilómetro de carretera que conecte sus ciudades entre sí.
En Groenlandia viven apenas 56.000 personas y circulan alrededor de 5.000 coches. Una cifra mínima si se compara con cualquier país europeo, pero que cobra aún más sentido cuando se entiende cómo es la vida en este territorio extremo. Un lugar donde el coche no es el rey, donde el asfalto prácticamente no existe y donde moverse implica adaptarse a una naturaleza tan espectacular como implacable.
5Un modelo de movilidad que desafía nuestra forma de entender el coche
Desde una perspectiva europea, Groenlandia resulta casi inconcebible. Vivimos en sociedades donde el coche es sinónimo de libertad, independencia y movilidad. Allí, sin embargo, el vehículo privado es una herramienta secundaria, limitada por la geografía y por un estilo de vida mucho más ligado a la naturaleza.
Curiosamente, Groenlandia también ofrece una reflexión interesante sobre el futuro de la movilidad. En un mundo que busca reducir emisiones y repensar el uso del coche, este territorio demuestra que es posible organizar la vida sin depender de una red masiva de carreteras. No porque sea una elección ideológica, sino porque el entorno manda.








