Cuando pensamos en territorios gigantescos, solemos asociarlos a interminables carreteras, grandes autopistas y una movilidad basada casi por completo en el coche. Sin embargo, existe un lugar en el mundo que rompe por completo esa lógica. Se trata de Groenlandia, la isla más grande del planeta, con una superficie que cuadruplica la de España… y donde, sorprendentemente, no existe ni un solo kilómetro de carretera que conecte sus ciudades entre sí.
En Groenlandia viven apenas 56.000 personas y circulan alrededor de 5.000 coches. Una cifra mínima si se compara con cualquier país europeo, pero que cobra aún más sentido cuando se entiende cómo es la vida en este territorio extremo. Un lugar donde el coche no es el rey, donde el asfalto prácticamente no existe y donde moverse implica adaptarse a una naturaleza tan espectacular como implacable.
4El clima extremo, el gran enemigo del asfalto
El clima de Groenlandia es uno de los grandes motivos por los que las carreteras no existen. Temperaturas extremas, ciclos constantes de congelación y deshielo, fuertes vientos y tormentas de nieve harían que cualquier infraestructura viaria tuviera una vida útil muy limitada y un mantenimiento carísimo.
Incluso dentro de las ciudades, mantener el asfalto en buen estado es un reto. Muchas calles no están pavimentadas y se cubren de nieve y hielo durante buena parte del año. En este contexto, el coche pierde protagonismo frente a otros medios más adaptados al entorno, como los vehículos todoterreno, los quads o las motos de nieve.








