En Powder Springs, una localidad del estado de Georgia (Estados Unidos), la gasolina llegó a venderse a 0,97 dólares el galón. En el surtidor español equivaldría a unos 0,22 euros el litro.
La cifra no salió de un error informático ni de una promoción de inauguración. Salió de dos gasolineras enfrentadas en la misma avenida, dispuestas a recortar un céntimo más que la vecina hasta que la policía tuvo que cortar el acceso. El resultado fue una caravana de coches parados en plena calle, esperando turno para llenar el depósito por menos de lo que cuesta un café.
Cómo se desató la guerra de precios en una avenida de Powder Springs
Las dos estaciones, una de la marca Amoco y otra de Sunoco, operan en la misma vía del municipio. Una de ellas trabaja con una política interna llamativa: fijar su precio cinco centavos por debajo del competidor más cercano, menos de cuatro céntimos de euro. La otra respondió recortando también. Y así, en cadena, hasta que el galón dejó de tener un precio reconocible.
El desplome fue tan rápido que los propios conductores lo siguieron en tiempo real. Un cliente contaba a la televisión local que por la tarde el precio marcaba 2,54 dólares el galón, unos 2,20 euros, y que en cuestión de horas fue cayendo a 1,44 y 1,39 dólares, en torno a 1,24 y 1,20 euros. Cuando el boca a boca se disparó, el acceso a ambas estaciones quedó colapsado.
Los agentes cortaron la entrada a los dos surtidores hasta que el tráfico se dispersó. Después permitieron volver a los coches y los más pacientes se encontraron la gasolina a 1,14 dólares el galón, aproximadamente 0,98 euros, o lo que es lo mismo, 0,26 euros el litro. Al día siguiente, ambos establecimientos habían restablecido sus precios habituales.
En un país donde el galón ronda los 4 dólares, un surtidor a menos de uno no es una oferta: es un acontecimiento.
El episodio deja un detalle que dice mucho de cómo se gestiona la competencia en aquel mercado: las autoridades locales pidieron a las estaciones que les avisaran si preparaban otra ronda de rebajas. Oficialmente, para organizar el tráfico. Extraoficialmente, porque el precedente dejó una avenida bloqueada durante horas.
Por qué 0,22 euros el litro es una anomalía incluso en Estados Unidos

Estados Unidos es un mercado con carburante estructuralmente más barato que el europeo por su fiscalidad: la carga impositiva sobre la gasolina es mucho menor y buena parte del crudo que se refina sale del propio país. Aun así, 0,22 euros el litro no es un precio de mercado, sino el resultado de una competencia local llevada al extremo.
La referencia que manejan los conductores estadounidenses está muy lejos. La gasolina regular se ha estado pagando cerca de 4 dólares el galón en muchas zonas del país, alrededor de 3,4 euros, es decir, unos 0,91 euros el litro, siempre según el tipo de cambio actual. Ese es el precio real del mercado y explica por qué un surtidor a menos de un dólar provoca una peregrinación inmediata.
Conviene además distinguir entre una rebaja real y un anuncio llamativo. No todas las ofertas que se viralizan en el país acaban siendo verificables, y algunas se quedan por el camino cuando el conductor llega al surtidor. La diferencia entre una guerra de precios auténtica y una campaña de marketing se mide en litros despachados, no en carteles.
Qué se puede aprender desde España: impuestos, márgenes y céntimos
La distancia entre los 0,22 euros el litro de Georgia y el precio que se paga en España no se explica por la competencia, sino por los impuestos. Aquí el carburante soporta un impuesto especial y un IVA que se calculan sobre una referencia internacional del crudo y del producto refinado. Ese esquema deja a las gasolineras un margen estrecho para jugar con céntimos.
En la práctica, la gasolina española se paga a un precio que multiplica por seis o más la cifra de Powder Springs, y una rebaja de cuatro céntimos por litro se celebra como una gran noticia. Por eso las guerras de precios en España se libran en otro terreno: descuentos de fidelización, tarjetas propias, promociones cruzadas con supermercados y estaciones de bajo coste que ajustan sus costes operativos al milímetro.
El caso de Georgia sirve para recordar dónde está el peso real de la factura. Cuando el litro sube en España, la discusión se concentra casi siempre en el precio del crudo y en la fiscalidad, no en el margen del surtidor. Y sirve también para entender por qué un precio así solo aparece en lugares concretos durante horas contadas: la competencia agresiva es un fenómeno local, no una política de país.
Lo próximo, en Powder Springs, depende de si alguna de las dos estaciones decide repetir la jugada; el cuerpo policial ya ha pedido que se le avise con antelación. Mientras tanto, los precios han vuelto a donde estaban y el resto del país sigue mirando de reojo un galón que camina hacia los 4 dólares.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: 0,97 dólares el galón, unos 0,22 euros el litro, frente a los casi 4 dólares el galón —unos 0,91 euros por litro— que se siguen pagando en buena parte de Estados Unidos.
- Consejo práctico: si circulas por Estados Unidos y ves un precio desplomado en el surtidor, calcula primero la cola y luego el ahorro; en España, la rebaja real se busca en descuentos de fidelización, no en guerras de barrio.
- Así te afecta: el precio del litro en España lo mueven los impuestos y el crudo, no la competencia local, así que conviene no esperar milagros de 0,22 euros que aquí son materialmente imposibles.

