Hay furgonetas Citroën 2CV nuevas, con matrícula de hoy y formas de hace casi ocho décadas. Las firma un carrocero italiano que trabaja con licencia oficial de la marca francesa y que lleva desde 2023 vendiendo lo que muchos aficionados daban por imposible: carrocerías de época montadas sobre vehículos actuales.
El taller se llama Caselani y no fabrica coches desde cero. Lo que hace es vestir modelos contemporáneos de la gama con pieles que remiten a los iconos de la posguerra europea. Los kits se desarrollaron junto al equipo del centro de estilo de la marca y se comercializan bajo licencia, así que no hay aquí ninguna reinterpretación pirata. Cada pieza encaja sobre la base original y el resultado se puede comprar ya montado o por separado.
Del Berlingo a la furgoneta Citroën 2CV
La pieza central del catálogo es la Furgonnette, la conversión que transforma un Citroën Berlingo en una furgoneta con el rostro del 2CV. La chapa frontal, los faros redondos, el morro alargado y la parrilla reproducen el aire del utilitario francés nacido en 1948 sin tocar la mecánica ni la estructura del vehículo donante. El resultado, con el vehículo base incluido, se va por encima de los 40.000 euros antes de impuestos.
El catálogo, además, cubre prácticamente toda la gama comercial de la marca:
- Furgonnette: sobre Berlingo, con estética de 2CV. Disponible en versión de carga, crew cab o pasajeros.
- Type AMI: sobre el cuadriciclo eléctrico AMI, con la piel de la mítica furgoneta HY. Llegó en 2024.
- Type HG: sobre Jumpy, inspirada en el Type G de 1948.
- H: sobre Jumper, también con aire de HY.
A petición, el carrocero prepara variantes menos convencionales: pickup, mini-camper, foodtruck, caravana, grúa, solo cabina o incluso una unidad adaptada para un rally raid en Marruecos. La personalización forma parte del producto y no es un extra anecdótico.
Pagar más de 40.000 euros por una furgoneta con cara de 1948 solo tiene sentido si se entiende que el comprador no busca transporte: busca memoria.
Cuánto cuesta llevar una piel de 1948 sobre un vehículo de 2026
Según la información difundida desde Italia, los precios incluyen el montaje y arrancan en 6.200 euros para el kit del AMI, la opción más accesible del catálogo. En el extremo opuesto, el kit camper montado sobre el Jumper alcanza los 21.800 euros. Son cifras que se suman siempre al coste del vehículo base cuando el cliente no lo tiene ya en el garaje.
El caso más ilustrativo es la Furgonnette. Un conjunto completo con motor diésel 1.5 HDi de 130 CV y configuración de dos plazas se va a 41.120 euros más IVA. Quien solo quiera la carrocería puede comprar el kit suelto para el Berlingo, que ronda los 19.000 euros.
La comparación con las alternativas de serie resulta inevitable. Por ese dinero se accede a furgonetas de gama alta o a vehículos de ocio con prestaciones muy superiores. La diferencia es que aquí no se compra capacidad de carga ni eficiencia: se compra una silueta que desapareció de los catálogos hace décadas y que hoy nadie más ofrece con permiso de la marca. La historia del Citroën 2CV ayuda a entender por qué esa silueta sigue vendiendo.
Un negocio de nicho que España mira desde la barrera
En España no existe un carrocero con licencia oficial de una marca generalista para convertir modelos actuales en iconos del pasado. Lo más parecido son preparaciones artesanales, transformaciones puntuales y un mercado de clásicos restaurados que mueve dinero, pero que no produce vehículos nuevos con respaldo de fábrica. La distancia entre ambos modelos de negocio es enorme y explica por qué este tipo de propuestas llegan casi siempre desde fuera.
El fenómeno tampoco es aislado. La industria europea lleva varios años recuperando nombres y siluetas del siglo pasado como argumento comercial, y el 2CV es uno de los que más tirón conserva. La razón es sencilla: un vehículo reconocible de inmediato ahorra buena parte del esfuerzo de comunicación, algo especialmente valioso en un mercado saturado de propuestas que se parecen demasiado entre sí.
Para el aficionado español, la lectura útil es doble. Por un lado, confirma que existe un segmento dispuesto a pagar un sobreprecio notable por diseño y carácter, no por prestaciones. Por otro, deja claro que ese sobreprecio no siempre se recupera al vender: son vehículos pensados para disfrutarlos, no para revalorizarlos. Quien se plantee una compra de este tipo debería tratar la operación como gasto de ocio, con la misma lógica con la que se adquiere una moto clásica o una caravana.
El catálogo del carrocero sigue abierto y admite encargos a medida, así que la lista de conversiones posibles no está cerrada. Lo que no cambia es la ecuación de fondo: mientras haya quien pague por nostalgia con matrícula nueva, habrá quien la fabrique.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: 41.120 euros más IVA es lo que cuesta una furgoneta nueva con estética de 2CV montada sobre un Citroën Berlingo con motor 1.5 HDi de 130 CV.
- Consejo práctico: si ya tienes el vehículo base, el kit suelto del Berlingo ronda los 19.000 euros; si no lo tienes, valora el conjunto completo antes de decidir, porque el montaje encarece la operación.
- Así te afecta: en España no existe una alternativa equivalente con licencia de fábrica, así que estos vehículos se importan. Interesantes como objeto de deseo y poco recomendables como inversión.

