El Ford Mustang Boss 429 con número de conversión Kar Kraft KK2288 sale a subasta con 4.028 millas desde nuevo y el aval documental de Bob Perkins.
Es uno de los aproximadamente 500 ejemplares producidos para el año modelo 1970 y llega en Grabber Blue sobre vinilo blanco, con casi cuatro décadas en manos de un mismo propietario en el norte de California. El coche, ofrecido por consignación profesional en Anaheim, California, se presenta a través de la ficha del lote con Deluxe Marti Report, manual del propietario y un título de Indiana de 1974 que la documentación identifica como duplicado.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: un Boss 429 de 1970 con número de conversión Kar Kraft KK2288, uno de los ~500 ejemplares del año modelo, con 4.028 millas desde nuevo y una propiedad documentada desde 1988.
- No te lo puedes perder: la carta de Bob Perkins, el gran especialista del modelo, que acredita el kilometraje, la instalación del alerón trasero y la reinstalación del equipo de emisiones que casi todos los propietarios eliminaron en los años setenta.
- Cifras y datos: V8 de 429 pulgadas cúbicas (7,0 litros) con 375 HP declarados, caja manual de cuatro relaciones y diferencial 3.91 Traction-Lok; el lote no publica estimación, de modo que el valor se conocerá al cierre de la puja.
Una carta que acredita más que cualquier factura de restauración
Conviene detenerse en el papel, porque aquí pesa más que el cromo. La carta firmada por Bob Perkins detalla el traspaso de propiedad hacia 1988, cuando el cuentakilómetros marcaba 4.011 millas, y certifica además la instalación del alerón trasero, la reinstalación del equipo de control de emisiones y un trabajo de detalle en el vano motor realizado en aquel momento.
El odómetro muestra hoy 4.026 millas —una añadida bajo la propiedad actual—, mientras el vendedor declara 4.028 millas acumuladas desde nuevo. La diferencia de dos millas entre ambas cifras es mecánicamente irrelevante y habitual cuando las lecturas se toman en días distintos, pero conviene consignarla: en un coche cuyo valor depende del kilometraje, cada dígito se audita.
Antes de la adquisición, en julio de 2026, el propietario anterior realizó una puesta a punto sin desmontaje ni repintado: bujías nuevas, ajuste del carburador y cambio de aceite, según el vendedor. Es la clase de intervención mínima que un especialista prefiere, porque no toca la mecánica más allá de lo necesario y no incurre en la tentación de dejar el motor mejor que nuevo, una operación que en el mercado del muscle car destruye valor en lugar de crearlo.
En el mercado del muscle car, un kilometraje documentado y una carta de autenticidad pesan más que cualquier restauración firmada.
Kar Kraft, el taller de Brighton que Ford necesitó para homologar
Debajo del capó está la razón de todo. Ford encargó a Kar Kraft, el taller de Brighton, Michigan, la transformación de carrocerías Cobra Jet para alojar un V8 de 429 pulgadas cúbicas y cámaras de combustión en forma de media luna, el bloque que la marca necesitaba para cumplir los requisitos de homologación de la NASCAR. Cada conversión recibía su propio número interno, y el de este ejemplar, KK2288, funciona hoy como certificado de nacimiento.
El encargo tenía su lógica industrial. La marca necesitaba un número mínimo de unidades vendidas al público para que el motor fuera aceptado en la categoría, y ninguna línea de montaje convencional podía asumir esa operación. Kar Kraft actuó como prolongación de la fábrica: recibía las carrocerías y las devolvía convertidas, con numeración propia y control de calidad propio.
El motor salió de fábrica con colector de admisión de aluminio y un carburador Holley de cuatro cuerpos y 735 cfm, con una potencia declarada de 375 HP, unos 380 CV. Cifra conservadora, como casi todas las de la época, y más aún en un bloque diseñado para resistir el ritmo de la competición en óvalo.
Tampoco se dejó al azar el chasis. El Boss 429 recibió brazos de suspensión revisados, una barra estabilizadora delantera de mayor rigidez que la del resto de la gama Mustang, barra trasera, amortiguadores posteriores escalonados y frenos asistidos con discos delante y tambores detrás, con bujes y discos reforzados y manguetas sobredimensionadas. La dirección asistida también venía de serie.
La dotación de fábrica se completa con un puñado de detalles que hoy sirven para datar y verificar el ejemplar:
- Llantas Magnum 500 de 15 pulgadas calzadas con Goodyear Polyglas GT en medida F60-15.
- Spoiler delantero funcional, alerón trasero y Sport Slats.
- Grupos Convenience y Decor, volante Deluxe Rim-Blow, cinturones con luz de aviso, consola central y radio AM.
- Cuentarrevoluciones de 8.000 rpm, velocímetro de 120 mph (193 km/h) y mandos de Ram-Air y estrangulador manual bajo el salpicadero.
El habitáculo conserva los asientos de cubo de respaldo alto y la banqueta trasera en vinilo blanco, con molduras de imitación a madera en salpicadero, consola y paneles de puerta. La palanca es una Hurst, y la carrocería Grabber Blue luce un pequeño retoque y una gota de pintura sobre uno de los adhesivos Boss 429: defectos que un jurado de concours penalizaría y que, sin embargo, demuestran que nadie ha repintado el coche entero.

Lo que este lote dice del mercado de los especiales de homologación
No fue un muscle car más. El Boss 429 fue el peaje que Ford pagó para poner su motor de culata semicircular en los óvalos de la NASCAR, y su producción se ajustó al mínimo exigido por el reglamento. De ahí que el modelo ocupe un escalón propio dentro de la familia Mustang, por encima del Mach 1 o del Boss 302 en consideración de coleccionista. La comparación natural es con los otros especiales de homologación de su tiempo —los Hemi de Chrysler, los Camaro ZL1—, piezas cuyo valor ha crecido al ritmo de un comprador que aprecia la procedencia tanto como la potencia.
La configuración ayuda: caja manual de cuatro relaciones, diferencial 3.91 Traction-Lok y dirección asistida son la combinación que el comprador busca en un Boss 429, más orientada a la calle que a la pista.
En ese contexto, un ejemplar con 4.028 millas, dos propietarios documentados desde 1988, equipo de emisiones reinstalado —la mayoría de los Boss 429 lo perdió en los años setenta— y un informe Marti que desglosa la configuración de fábrica parte con ventaja. También arrastra dos incógnitas: el título de Indiana es un duplicado, extremo que un comprador europeo querrá verificar antes de pujar, y el lote no publica estimación, de modo que el precio queda enteramente en manos del mercado. La referencia a seguir no es un catálogo, sino el resultado que han obtenido los Boss 429 de kilometraje corto en puja pública.
Merece la pena seguir el cierre. La temporada fuerte del coleccionismo estadounidense regresa en enero, y los especiales de homologación con historial corto suelen marcar la pauta del año. Si este KK2288 se remata en la parte alta de lo razonable, la lectura será sencilla: el mercado sigue premiando la autenticidad documentada por encima de la restauración espectacular, aunque el coche conserve una gota de pintura sobre una calcomanía.


