La fiebre por todo lo que suene a camper lleva años extendiéndose. Primero fueron las furgonetas, luego los todoterrenos, después las pick-up y, por el camino, hasta compactos urbanos reconvertidos en microhogares rodantes. Pero lo último ya roza lo surrealista: la tendencia ha saltado a las motos. A esas máquinas diseñadas para correr, tumbar y sentir el asfalto bajo los neumáticos. Ahora, algunas también se han convertido en diminutas casas con motor.
Lo que empezó como una curiosidad aislada se ha transformado en un fenómeno global que mezcla ingenio, obsesión y una pizca de locura. Los proyectos de motos camper no solo circulan por redes sociales, están traspasando fronteras y captando la atención de viajeros, creadores de contenido y amantes del bricolaje extremo. ¿Por qué esta tendencia está acaparando tantos titulares?
3Las motos camper y sus desafíos sobre la carretera
El romanticismo camper pierde parte de su magia cuando entra en juego la realidad física. Con más de 1.100 kg de peso, la moto-cabaña de Ari parecía un velero en medio de una tormenta con cada ráfaga de viento. Llegó a volcar en varias ocasiones durante el viaje. Y no hablamos de caídas a baja velocidad en un parking, no: hablamos de desplomes en pleno desierto, con Ari dentro del habitáculo.
La GSX-R de Zack tampoco lo tuvo fácil. Remolcar una cama de matrimonio con una deportiva implica más exigencia en los frenos, estabilidad comprometida y un reparto de pesos con el que sudaría frío cualquier ingeniero. Contra todo pronóstico, la moto sobrevivió. Incluso permitió ciertos momentos de diversión absurda: prácticamente si carga, la rueda trasera derrapaba con facilidad, ofreciendo una experiencia entre ridícula y emocionante.







