La fiebre por todo lo que suene a camper lleva años extendiéndose. Primero fueron las furgonetas, luego los todoterrenos, después las pick-up y, por el camino, hasta compactos urbanos reconvertidos en microhogares rodantes. Pero lo último ya roza lo surrealista: la tendencia ha saltado a las motos. A esas máquinas diseñadas para correr, tumbar y sentir el asfalto bajo los neumáticos. Ahora, algunas también se han convertido en diminutas casas con motor.
Lo que empezó como una curiosidad aislada se ha transformado en un fenómeno global que mezcla ingenio, obsesión y una pizca de locura. Los proyectos de motos camper no solo circulan por redes sociales, están traspasando fronteras y captando la atención de viajeros, creadores de contenido y amantes del bricolaje extremo. ¿Por qué esta tendencia está acaparando tantos titulares?
2Los creadores que han llevado el camperismo a otro nivel
Buena parte del boom actual nace en internet, donde los creadores de contenido están empujando los límites de lo razonable. Dos de ellos, los estadounidenses Zack Courts y Ari Henning, son los responsables de viralizar el concepto de la moto-camper. Su objetivo: atravesar parte de Norteamérica viajando, durmiendo y sobreviviendo encima de motos convertidas en improvisadas autocaravanas.
Zack optó por una Suzuki GSX-R1000 tirando de un remolque-cama. Una combinación tan absurda como funcional. Con un presupuesto modesto y mucha habilidad, creó un conjunto que mezcla deportividad y espíritu camper. Ari eligió una Honda Gold Wing del 89 y montó encima una cabaña de madera, con sus ventanas, aislamiento y módulo extensible. La ‘Wing-ebago’, como la llamó, parecía sacada de un dibujo animado.







