La fiebre por todo lo que suene a camper lleva años extendiéndose. Primero fueron las furgonetas, luego los todoterrenos, después las pick-up y, por el camino, hasta compactos urbanos reconvertidos en microhogares rodantes. Pero lo último ya roza lo surrealista: la tendencia ha saltado a las motos. A esas máquinas diseñadas para correr, tumbar y sentir el asfalto bajo los neumáticos. Ahora, algunas también se han convertido en diminutas casas con motor.
Lo que empezó como una curiosidad aislada se ha transformado en un fenómeno global que mezcla ingenio, obsesión y una pizca de locura. Los proyectos de motos camper no solo circulan por redes sociales, están traspasando fronteras y captando la atención de viajeros, creadores de contenido y amantes del bricolaje extremo. ¿Por qué esta tendencia está acaparando tantos titulares?
1La fiebre camper invade territorios impensables
La obsesión por convertir cualquier vehículo en un refugio con ruedas lleva tiempo creciendo, pero pocos imaginaban que acabaría llegando a las motos deportivas. Para muchos, su moto es sinónimo de velocidad, adrenalina y libertad; casi una extensión de su propia personalidad. Pero la llegada del espíritu camper ha cambiado las reglas del juego. Hoy vemos desde motos con remolques escamoteables hasta auténticas microcasas atornilladas al chasis.
Parte de esa expansión se debe al auge de las aventuras a larga distancia y el deseo de viajar con lo mínimo imprescindible. Aunque en esta fiebre camper, ese «mínimo imprescindible» está empezando a mutar. Donde antes cabía una tienda de campaña y un hornillo, ahora algunos quieren una cama plegable, un espacio interior iluminado e incluso puertos USB. Todo integrado en una moto. ¿El resultado? Máquinas que combinan lo temerario con lo entrañable y que están llamando la atención.







