Han pasado ya unos cuantos años desde que el fabricante de automóviles alemán Porsche y el artesanal astillero austríaco Frauscher unieran sus caminos para desarrollar una impresionante lancha deportiva y 100% eléctrica. Hablamos de esta Frauscher x Porsche 850 Fantom Air, una verdadera maravilla de la ingeniería capaz de alcanzar los 85 km/h en cuestión de segundos para cortar las olas como un bisturí y flotar sobre el agua con total naturalidad. Pero lo mejor de todo es que eso lo hace en absoluto silencio gracias al secreto que esconde y que no es otro que la mecánica que impulsa a los extraordinarios Macan Turbo.
Este proyecto no es un capricho ni un experimento aislado. Es la prueba palpable de cómo Porsche Engineering, junto a Porsche AG y Studio F. A. Porsche, trasladan su experiencia en movilidad eléctrica al universo de la náutica. Lo que empezó como una colaboración arriesgada entre ambas compañías se ha convertido en una realidad premiada y en una maravilla de producción limitada. La Frauscher x Porsche 850 Fantom Air, una embarcación que surca el agua en silencio y con cero emisiones.
Un desarrollo exprés con sello Porsche

Todo comenzó con una idea clara y que no era otra que la de llevar la tecnología del nuevo Macan eléctrico al mundo náutico. Philip Ruckert, nombrado director del proyecto “eBoat” por el consejo de Porsche AG, lideró el esfuerzo junto al equipo de Porsche Engineering. En menos de un año, el equipo pasó del concepto al primer prototipo navegable. Y en solo dos años más, el sistema estaba listo para producción en serie.
“La clave fue la colaboración estrecha y sin fisuras entre los departamentos de Porsche AG y el equipo de Porsche Engineering”, explica Thomas Warbeck, director técnico de Porsche Engineering. “Solo así pudimos cumplir plazos tan ajustados y mantener los estándares de calidad que exige la marca”.
La base técnica para dar vida a semejante embarcación es el eje trasero del Macan Turbo, compuesto por un motor eléctrico síncrono de imanes permanentes con hasta 400 kW de potencia pico (544 CV), alimentado por una batería de 100 kWh y con una arquitectura eléctrica de 800 voltios. Estos componentes no se copiaron tal cual, sino que tuvieron que ser debidamente adaptados para un entorno tan hostil como es el mar. En el agua, la demanda de potencia es constante y brutal, no variable como en la carretera. La refrigeración tuvo que optimizarse (con bombas controladas de forma inteligente), el espacio dentro del casco es mínimo y hay que resistir vibraciones, salitre y posibles inmersiones en agua salada.
Infinidad de adaptaciones que marcan la diferencia

El motor conserva su estátor y rotor originales, pero la carcasa se rediseñó por completo. En el coche gira a más de 16.000 rpm, pero en el barco, baja hasta las 6.000 rpm, eliminando así la necesidad del sistema de reducción interna. Se sometió a pruebas específicas náuticas: niebla salina, corrosión, estanqueidad… Todo para garantizar durabilidad.
La transmisión final es un propulsor en Z clásico (delante de la hélice), que reduce el régimen a unas 3.000 rpm. Uno de los retos fue conectar motor y propulsor. Muestra de ello es que los primeros prototipos usaban un embrague de fricción que no aguantaba los 700 Nm de par entregados por su máquina eléctrica. De ahí que la solución definitiva pasara por un embrague de dientes robusto con amortiguador elastomérico, y una curva de par ajustada para no sobrepasar límites.
Las vibraciones del casco golpeando el agua podían dañar la batería. Tras medir en el coche y en el barco, se optó por adoptar un bastidor suspendido con cables de acero que absorbe lo perjudicial. Gracias a esa posición baja y centrada, la navegación es excepcionalmente estable y el ambiente a bordo es puro placer: silencio, refinamiento y esa “sensación Porsche” que tanto se valora.
El cableado también se reinventó: baja tensión rediseñada con materiales y recubrimientos náuticos; alta tensión con conexiones alargadas y toma de carga adaptada. Todo certificado para el uso en plena mar.
El tacto Porsche en el timón

Studio F. A. Porsche y el equipo de diseño se encargaron de que no solo funcione, sino que se sienta como un Porsche. La palanca del acelerador incorpora los modos “Sport” y “Sport +” (igual que en los Macan Turbo), la pantalla muestra gráficos familiares y el volante náutico tiene esa estética inconfundible.
Para unir los mundos del coche y del barco, Porsche Engineering creó una unidad gateway específica capaz de traducir protocolos, simular señales ausentes (como el freno de estacionamiento para cargar) y cumple normas náuticas de compatibilidad electromagnética. El software, basado en AUTOSAR, se desarrolló con equipos en Alemania, Rumanía y Chequia, aplicando los rigurosos estándares automovilísticos al sector naval.
El resultado es un concepto modular. La unidad de propulsión (con refrigeración y controles) y la batería con su bastidor se instalan como módulos independientes en el casco de dicha embarcación, simplificando enormemente el montaje en el astillero. “Es una solución única en el mundo”, asegura Sebastian Riesbeck, ingeniero del proyecto. Reduce tiempos y costes para Frauscher y abre la puerta a integrarla en otras embarcaciones futuras.
Numerosos premios y un futuro prometedor

El éxito no tardó en llegar. La versión de serie se llevó el “Powerboat of the Year 2024” en Boot Düsseldorf y el “Best of Boats 2024” en categoría eléctrica en Boot & Fun Berlín. El astillero austríaco Frauscher, encantado, lanzó una serie limitada de 25 unidades. Las primeras ya navegan por todo el mundo, y el interés es brutal.
“Es un proyecto de pasión”, resume Jörg Kerner, vicepresidente de la gama Macan en Porsche AG. “Hemos trasladado sin concesiones nuestros estándares de calidad del asfalto al agua”.
Y no se queda aquí. El sistema es escalable: en barcos más grandes, varios motores en paralelo. Warbeck lo ve claro: “Nuestra metodología de transferencia tecnológica del automóvil a otros sectores es universal. Puede aplicarse a maquinaria de construcción, aviación ligera… donde sea que se necesite innovación eléctrica”.
La Frauscher x Porsche 850 Fantom Air no es solo una lancha bonita y rápida. Es la demostración de que el futuro eléctrico no entiende de fronteras: del SUV al mar, Porsche sigue empujando límites con precisión, silencio y emoción pura. ¿Quién dijo que los barcos tenían que oler a gasolina?
Fotos: Porsche










