El Dodge Viper GT2 Championship Edition, uno de solo 100 ejemplares, sale a subasta

El ejemplar número 37 de los 100 coupés conmemorativos conserva su placa numerada, la hoja de pedido original y las fotos del montaje en fábrica. La serie celebraba el título FIA GT2 de 1997 y la victoria de clase en Le Mans de 1998.

El Dodge Viper GT2 Championship Edition número 37 de los 100 fabricados busca nuevo dueño con 29.000 millas y su dotación de fábrica intacta.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: Dodge construyó 100 coupés GT2 Championship Edition en un único año de modelo para conmemorar el título FIA GT2 conquistado por Chrysler en 1997 y su victoria de clase en las 24 Horas de Le Mans de 1998; este ejemplar conserva su placa numerada, su hoja de pedido original y el material gráfico del montaje.
  • No te lo puedes perder: el coche se ofrece acompañado de la GT2 Assembly Cam, la grabación del ensamblaje en fábrica, un documento poco frecuente que acredita la trazabilidad del chasis y refuerza su atractivo entre coleccionistas.
  • Cifras y cotización: 100 unidades fabricadas, V10 de 8.0 litros con 460 hp de fábrica (466 CV) y 500 lb-ft (678 Nm), 29.000 millas (unos 46.700 km) y una factura original de 85.200 dólares, según la documentación que acompaña al lote.

Cien unidades para conmemorar dos títulos

En 1997 los Viper GTS-R de competición conquistaron el campeonato FIA GT2 y, un año más tarde, la marca sumó una victoria de clase en las 24 Horas de Le Mans. Para celebrarlo, Dodge ensambló 100 coupés GTS en un único año de modelo, 1998, con anagramas GTS-R y un paquete aerodinámico de fábrica que incluía splitter delantero, faldones de efecto suelo y alerón trasero fijo. No era una versión de homologación en sentido estricto, sino el eco comercial de una racha deportiva, y ahí reside buena parte de su encanto.

El ejemplar 37 luce librea Stone White Clearcoat con doble franja azul, faros de proyección, antinieblas, capó ventilado, retrovisores eléctricos y salidas de escape dobles centradas. Calza llantas BBS de 18 pulgadas con anchos escalonados y neumáticos Continental ExtremeContact Sport O2 montados, según el vendedor, para la propia venta. La suspensión es independiente en las cuatro ruedas, la dirección de cremallera y los frenos de disco, con pinzas delanteras acabadas en negro y grabadas con el nombre de la marca.

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El habitáculo recurre a baquets de cuero negro con insertos azules y bordado Viper GTS-R, y ese mismo azul se extiende a la parte baja del salpicadero, la consola central y los paneles de puerta. Junto a los cinturones de tres puntos viajan arneses Oreca de cinco puntos en rojo para conductor y acompañante. Una placa seriada junto a la palanca acredita el número 37 de 100, y el cuadro combina un velocímetro de 200 mph —322 km/h— con un cuentarrevoluciones de zona roja a 6.000 rpm y los relojes auxiliares sobre la consola.

El 8.0 litros V10 recibió una puesta a punto específica para esta serie: 460 hp de fábrica, equivalentes a 466 CV, y 500 lb-ft, que son 678 Nm. La transmisión es manual de seis velocidades y envía la fuerza al eje trasero a través de un diferencial autoblocante, mientras el escape Borla sustituye al de serie. El odómetro marca 29.000 millas, unos 46.700 kilómetros, de los que apenas un millar se han sumado desde que el coche cambió de manos en mayo de 2022.

Un Viper con documentación completa y apenas mil millas añadidas en cuatro años es un coche que ha vivido mejor de lo que su kilometraje sugiere.

La documentación refuerza el conjunto: hoja de pedido con entrega inicial en Winners Dodge, en Woodhaven (Michigan), y un precio total de 85.200 dólares; informe Carfax sin accidentes; matrícula de Virginia con la marca de odómetro en ‘Actual’; y, sobre todo, la GT2 Assembly Cam junto a una colección de fotografías del montaje. El último control de emisiones californiano superado data de agosto de 1999.

La huella del GTS-R en la calle

1998 dodge viper gt2 championship edition 37 motor bat Motor16

El programa GTS-R convirtió al Viper en un habitual de Le Mans y de las parrillas GT2 durante la segunda mitad de los noventa, una década en la que la marca construía su reputación europea a golpe de clase ganada. La edición conmemorativa trasladaba ese imaginario a la calle sin tocar la arquitectura del coche: mismo chasis, misma filosofía de cilindrada desmesurada y una puesta a punto que elevaba la potencia justo por encima de la versión de serie.

Conviene recordar el contexto. En 1998, ningún deportivo europeo de producción ofrecía ocho litros y diez cilindros sin recurrir a la sobrealimentación, y los 460 hp de este GT2 lo situaban en la primera fila del segmento. La distancia entre un GTS corriente, con 450 CV declarados, y esta serie era modesta en cifras y enorme en significado: el paquete aerodinámico, los anagramas y la placa numerada transformaban un deportivo de motor delantero y arquitectura sencilla en una pieza de colección con sello de competición.

De ahí que la trazabilidad pese tanto en este lote. Ejemplares que conservan la hoja de ventana, el manual, el informe Carfax limpio y el material de montaje de fábrica se cuentan con los dedos de una mano en tandas tan cortas, y ese conjunto documental —el anuncio del lote lo detalla pieza a pieza— influye más en la tasación final que cualquier mejora posterior.

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Lo que el mercado paga por un Viper con pedigrí

El mercado de los deportivos americanos de los noventa vive una revalorización silenciosa. Durante años, los Viper de primera y segunda generación se contemplaron como máquinas de exceso, con interiores austeros y consumos imposibles. Esa percepción ha cambiado a medida que una generación de coleccionistas que creció con el GTS en la pared ha alcanzado capacidad de compra, y hoy son las unidades con historial deportivo, kilometrajes contenidos y dotación original las que sostienen el interés.

Dentro de la familia GTS, el GT2 Championship Edition ocupa un lugar particular. No es la variante más radical —ese papel correspondió a otras versiones orientadas al circuito—, pero sí una de las más escasas y, sobre todo, la más sencilla de documentar: cada coche lleva su número y la serie nació con un propósito conmemorativo explícito. En puja pública, ese relato vale dinero. También lo vale el estado, porque un ejemplar de 29.000 millas admite uso sin remordimiento, algo que no sucede con los coches de entrega casi nula, condenados a la vitrina.

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El dilema para el comprador es el de siempre. Conservar supone asumir la pátina y el desgaste lógico de un coche que ha rodado; restaurar, en cambio, destruye el relato de originalidad que justifica el sobreprecio de estas series. Con la documentación que acompaña a este chasis, el criterio sensato es mantenerlo tal y como está, con sus neumáticos recientes y su escape Borla, y resistir la tentación de devolverlo a un estado de fábrica que jamás tendría del todo.

Queda, además, un calendario favorable. En 2026 se cumplen treinta años de la llegada del GTS, y en 2027 serán treinta y cinco desde que el Viper desembarcó en los concesionarios estadounidenses. Ambas efemérides suelen traducirse en atención mediática y, con ella, en movimiento de mercado. Para quien busque una pieza conmemorativa, escasa y bien documentada, este número 37 es exactamente el tipo de coche que merece una segunda mirada.