Conduciendo por la autopista, puede que hayas mirado de reojo hacia el arcén y hayas visto algo que no es un coche averiado ni una señal de tráfico normal. Lo que puede que hayas visto es la nueva pesadilla de los conductores: el radar de remolque de la DGT.
Este dispositivo ha llegado para cambiar (una vez más) las reglas del juego en las carreteras, y es fundamental que entiendas cómo funciona porque no tienen piedad. La DGT ha encontrado en esta tecnología la herramienta perfecta para vigilar los excesos de velocidad de una forma mucho más difícil de detectar.
1Cómo son los nuevos radares remolque de la DGT
Imagina un radar fijo de los que ves en los pórticos de la autovía, pero metido dentro de una caja con ruedas. Ese es el concepto básico del radar de remolque. Se trata de una plataforma blindada que se puede enganchar a cualquier coche o furgoneta de los agentes de tráfico y trasladar a cualquier punto en cuestión de minutos.
Esto rompe con la idea tradicional de que los radares están siempre en el mismo sitio. Antes, te aprendías dónde estaban y frenabas justo antes de llegar. Con estos nuevos dispositivos, eso ya no sirve de nada porque hoy pueden estar en el kilómetro 40 y mañana en el 100 de la misma carretera.
Lo que hace que estos dispositivos sean tan especiales es que tienen la precisión y la potencia de un radar fijo de última generación, pero la movilidad absoluta de un radar móvil. Al estar montados sobre un carro con ruedas, los agentes los dejan estacionados en el arcén o en zonas de obras y se marchan.
El radar se queda allí trabajando solo, vigilando el tráfico de manera autónoma sin necesidad de que haya una patrulla presente de forma constante.

