Cada vez hay más vehículos que llevan una cámara apuntando a la carretera. La Dirección General de Tráfico (DGT) tiene una normativa para las dashcam, ya sea las que cualquier conductor puede comprar e instalar por su cuenta, o las que ya vienen de serie en algunos coches o como parte del equipamiento adicional.
Simplificando mucho la historia, la DGT no prohíbe llevar una dashcam en el coche, es decir, una cámara en el salpicadero que graba la carretera constantemente. El problema viene si haces un mal uso de las imágenes que grabas. Por eso, a continuación te contamos qué se puede grabar, dónde colocarla (si no viene de serie en tu coche) y en qué situaciones te va a servir una grabación. Es un asunto que tiene mucha más ‘miga’ de la que parece.
2¿Y qué pasa con las imágenes? Ojo con la protección de datos
Aquí está el quid de la cuestión y uno de los asuntos más sensibles de las dashcam. No es que grabar en la vía pública o en la carretera sea un delito en sí mismo, pero el uso de esas imágenes tiene límites que no marca la DGT, sino la ley de protección de datos.
Las grabaciones con una dashcam deben tener un uso privado y legítimo, es decir, no se pueden publicar en redes sociales ni difundir sin el consentimiento de las personas que aparecen. Ni siquiera para dejar en evidencia al conductor de turno que te la ha jugado en la carretera. Quizá has visto algún vídeo parecido en redes sociales, pero que todo el mundo lo haga no significa que sea legal.
La Agencia Española de Protección de Datos insiste en el principio de la proporcionalidad. Al final, grabar de manera continua la vía pública puede vulnerar el derecho a la intimidad, y por eso hay dashcams que solo funcionan en bucle o que se activan cuando detectan un impacto.
Y en cuanto al contenido, las imágenes deben centrarse en lo ocurrido y evitar captar a personas ajenas al incidente. Ojo también con los rostros, matrículas, sonidos o cualquier otro símbolo. La DGT avisa de que un audio que no esté justificado puede invalidar una grabación.








