Esta noche tenemos una cita con el reloj, y es probable que el cuerpo lo note más de lo que piensas. No es solo cuestión de ajustar el reloj del salpicadero de tu coche o de mirar el móvil al despertar. La DGT está muy pendiente de este momento porque sabe que los conductores son más vulnerables durante los días siguientes.
Al mover las manecillas, hay otro “reloj” que se desajusta, y eso tiene un impacto directo en cómo manejas el volante, cómo reaccionas ante un imprevisto y cómo percibes la carretera.
1El cansancio viaja contigo
Uno de los mayores problemas del cambio de hora es la aparición de una fatiga que no siempre detectas a tiempo. Aunque solo sea una hora de diferencia, tu cuerpo siente que algo no cuadra. Al perder una hora de sueño, te despiertas con la sensación de que te falta energía.
Esta falta de descanso provoca que tu cerebro no esté tan despierto como de costumbre. Cuando vas conduciendo, esa somnolencia reduce tu capacidad de concentración. Te distraes con más facilidad.
La DGT advierte de que la fatiga es uno de los enemigos más peligrosos en la conducción. No es necesario que te quedes dormido al volante para tener un accidente. Basta con que tu cerebro tarde un segundo más en procesar que el coche de delante ha frenado. Ese segundo de retraso es la diferencia entre un susto y un choque por alcance.
La DGT insiste en que el cansancio acumulado por el cambio de hora se nota sobre todo en los trayectos rutinarios. Como conoces el camino de memoria, bajas la guardia y, al estar más cansado, tu tiempo de reacción aumenta peligrosamente.


