Hay muchas maneras de contar la historia de un premio, pero pocas tan reveladoras como mirar las obras que lo han hecho posible. Desde su primera edición en 1986, el Premio BMW de Pintura ha puesto la creación pictórica en el centro y ha reconocido cada año propuestas con una mirada propia dentro del arte contemporáneo.
El Premio BMW de Pintura es una de las iniciativas de creación de más éxito en nuestro país. En más de cuarenta años, el certamen de BMW ha visto pasar nuevas formas de crear, relaciones figurativas distintas, experimentos con la materia y, más recientemente, diálogos con los lenguajes digitales.
Esta edición, la que cumple el número 41 y cuyo ganador se dará a conocer en noviembre, ha batido su récord histórico con más de 2.216 candidaturas y más de 3.100 obras presentadas, lo que sitúa a este certamen como una de las convocatorias artísticas de referencia en nuestro país.
Desde su creación en 1986, el Premio BMW de Pintura ha contado con la participación de más de 2.900 artistas de más de 39 nacionalidades, convirtiéndose en un auténtico termómetro de la evolución del arte. Sin ánimo de cerrar la historia de la pintura contemporánea, cinco obras ganadoras sirven de brújula para entender cómo ha evolucionado el premio y por qué sigue apostando por propuestas innovadoras, personales y representativas de cada momento.
1986: Composición, de José Vega Osorio, el punto de partida

Todo empezó con un óleo sobre lienzo. Composición, de José Vega Osorio, fue la primera obra ganadora del Premio BMW de Pintura y fijó el origen del certamen en una pintura atenta al equilibrio formal, al espacio y al oficio.
La obra recoge los fundamentos esenciales del arte pictórico: la relación entre las formas, el tratamiento del color y la construcción de una imagen sobre el lienzo. Partía de la tradición para abrir un camino que, con los años, incorporaría miradas y lenguajes muy distintos. Desde el principio, el premio entendió la obra no solo como resultado visual, sino como espacio de investigación, mirada y construcción artística.
1995: Sin título, de Florencio Maíllo, o cuando la materia toma la palabra

Casi una década después, el lenguaje del certamen del Premio BMW de Pintura dio un giro. En Sin título, Florencio Maíllo abandonó la representación directa para adentrarse en un territorio abstracto, matérico y atmosférico. La técnica mixta sobre tabla convierte la superficie en protagonista: texturas, capas, densidad cromática y fuerza plástica que no buscan narrar, sino provocar una experiencia visual.
Maíllo invita a mirar la pintura no solo como representación, sino como exploración de la propia materia. Su obra refleja una de las muchas direcciones que el premio ha sabido acoger: aquellas en las que el soporte, el gesto, el color y la huella del proceso son esenciales.
2005: Paisaje Industrial, de Hugo Fontela, un territorio en transformación

Con Paisaje Industrial, Hugo Fontela trajo al premio una mirada contemporánea sobre el paisaje. En esta técnica mixta sobre lienzo, el motivo industrial no se representa de forma literal: se convierte en una superficie casi abstracta donde horizonte, color y materia evocan un entorno en cambio.
La obra amplió así la lectura del certamen, que no solo ha reconocido la composición, la materia o la figura, sino también piezas capaces de transformar el paisaje en un espacio de reflexión visual.
2010: Los mosquitos, de Rafael Macarrón, la figuración libre y narrativa

En 2010 llegó el color. Los mosquitos, de Rafael Macarrón, aportó una figuración libre, expresiva y profundamente personal, con un universo reconocible en el que figuras, colores y escena construyen una narrativa a medio camino entre lo cotidiano y lo imaginado.
Sus personajes no buscan reproducir la realidad de forma convencional, sino crear un mundo propio con una identidad visual muy marcada. Es la prueba de que el premio ha sabido acoger registros muy distintos, desde la experimentación formal hasta la construcción de imaginarios personales.
La década actual: ST25061 (Coger una pestaña con los dedos), de Amaya Suberviola

El recorrido se cierra en el presente con Amaya Suberviola, ganadora de la 40.ª edición con ST25061 (Coger una pestaña con los dedos). Su trabajo pone en diálogo la pintura, el gesto manual y ciertos códigos de la imagen digital, en una creación donde el lienzo convive con nuevas formas de mirar, editar y construir imágenes.
Desplazar, superponer, copiar, rotar o editar: acciones propias de la cultura visual contemporánea encuentran aquí una traducción pictórica que conecta el oficio manual con la lógica de lo digital. La obra confirma que la pintura sigue evolucionando sin perder su capacidad de pensar el presente. No rompe con la tradición del premio: la actualiza.
El Premio BMW ha evolucionado con la pintura
Composición, materia, paisaje, figura y diálogo con los nuevos lenguajes visuales: cada obra representa una forma distinta de acercarse a la pintura. Juntas demuestran que el valor del Premio de Pintura no está solo en distinguir una obra ganadora cada año, sino en haber construido, edición tras edición, una mirada amplia sobre la creación contemporánea.
Más de cuatro décadas después de su nacimiento, el certamen sigue siendo un espacio donde conviven tradición e innovación; un premio que mira a su historia a través de las obras que la han construido, pero también al futuro de la creación artística, apoyando el talento y dando visibilidad a quienes inventan nuevas formas de mirar.

