El uso de las luces antiniebla traseras y delanteras en las carreteras españolas es un misterio que ni siquiera los profesionales han sido capaces de resolver. Algunos se olvidan de que existen, otros encienden todas cuando no son necesarias y muchos otros las dejan activadas incluso cuando ya ha pasado el banco de niebla.
Es de lo que se queja Marta, que trabaja como profesora de autoescuela y lo ve a diario con sus alumnos. «Cuando hay niebla, parece que cada conductor toma decisiones distintas. Algunos no encienden nada y otros llevan todo activado sin saber muy bien por qué», reconoce.
Y el problema no es el simple desconocimiento, sino que llevar encendidas unas luces en situaciones que no son apropiadas puede acabar deslumbrando al resto de conductores. Si ya de por sí es complicado conducir así, imagínate con una iluminación que no es la correcta.
1El caos en carretera cuando aparece la niebla
Por suerte, vamos de camino hacia el buen tiempo y a una época en la que no es tan habitual encontrar niebla, pero sí que sigue presente en cotas altas y zonas de montaña. Sea como sea, los conductores siguen actuando como consideran que es mejor, y no como marca la ley.
Por un lado, hay conductores que mantienen las luces de cruce (con un poco de suerte), aunque la visibilidad sea bastante baja. El problema no es solo que el conductor no vea, sino que es invisible también a ojos del resto.
Luego está el extremo opuesto y los conductores que activan todas las luces que encuentran: antinieblas delanteras y traseras, largas, posición, cruce… Todo a la vez. La intención puede ser buena, pero ojo con el resultado.
«No se trata de poner más luces, sino de usar las adecuadas en cada momento«, explica. El exceso también puede jugarte una mala pasada, sobre todo si hablamos de las antiniebla traseras, porque son intensas y están reservadas para las situaciones en las que la niebla es muy densa.

