Si te vas a comprar un coche, ya sea nuevo, de kilómetro cero, de ocasión o de segunda mano, tienes que tomar varias decisiones importantes. Y no todas tienen que ver con el modelo, la marca, el tipo de motor o los acabados.
También tienes que pensar en cómo lo vas a pagar e incluso qué piensas hacer con él dentro de cuatro años. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha comprado las principales opciones para comprar un coche, suponiendo que solo lo vamos a mantener en nuestra vida durante un periodo de cuatro años: compra al contado, financiación bancaria, financiación multiopción y renting.
Lo ha hecho con un caso concreto, un Toyota Corolla 140 eCVT Active Plus, para que lo entendamos mejor con cifras reales. Al margen de cuál sea tu opción favorita, la OCU nos recuerda que lo más cómodo no siempre es lo más barato. Y lo que parece más caro al principio, puede acabar siendo la opción más económica si haces números.
1Comprar el coche al contado es la opción más barata
Según el análisis que la OCU ha publicado este mismo mes de febrero, comprar un coche al contado sigue siendo la alternativa más económica si lo vendemos pasados cuatro años. En el caso del Toyota, el precio de compra es de 26.645 euros.
A esta cifra le tenemos que sumar los gastos de uso durante cuatro años: seguro a todo riesgo, mantenimiento, impuestos municipales y neumáticos. En total, unos 5.549 euros. La OCU señala que es importante incluir estos gastos en la ecuación para poder comparar en igualdad de condiciones con otras modalidades de compra que ya los incorporan en la cuota mensual.
Después tienes que pensar en venderlo a los cuatro años. La estimación de valor pasado ese tiempo, según Ganvam, es de 14.675 euros. Si restas esa cantidad al total que has invertido, el coste final del Toyota se queda en 17.519 euros. Es la cifra más baja de todas las opciones que te vamos a contar a continuación.
Eso sí, no es tampoco una opción viable para todo el mundo, pues es necesario tener el importe ahorrado para hacer frente a la compra sin préstamos. Y también asumir que el valor futuro puede cambiar, porque el mercado de segunda mano no siempre se comporta de la misma manera.

