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Pedro (59), ingeniero de caminos: «Las carreteras españolas se construyeron pensando en el calor extremo y las lluvias se han convertido en un problema»

España es un país de altas temperaturas, así que el asfalto de las carreteras es menos poroso que en otros países más lluviosos.

España es uno de los países más calurosos de Europa, así que nuestras carreteras están hechas para resistir el calor extremo y las temperaturas altísimas a las que puede llegar el asfalto durante los meses de verano. Ahora bien, ¿qué pasa con las lluvias y borrascas de las últimas semanas?

Este 2026 ha comenzado con una sucesión de borrascas que han puesto en jaque una red de carreteras que ya de por sí estaba bastante deteriorada. En total, un 52% de la red viaria presentaba deficiencias graves o muy graves el verano pasado, así que seguramente la cifra haya aumentado.

La prueba más evidente es que seguro que en los últimos días has pasado por algún bache, agujero o socavón que hace pocas semanas no estaba ahí. Y la culpa la tienen las lluvias, y que las carreteras están hechas más pensando en el calor extremo que en este tiempo inestable que cada vez es más habitual en nuestro país.

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De hecho, en los primeros 40 días del año llovió el triple de la media registrada entre 1991 y 2020. Es un cambio brusco en muy poco tiempo y el problema es que la carretera (como cualquier infraestructura) no reacciona bien a los extremos.

Carreteras hechas para el calor extremo: el agua cambia las reglas del juego

carreteras españa
Fuente: propia / IA

La mayor parte de la red española está diseñada bajo la normativa técnica conocida como PG-3, alineada con criterios europeos. Eso sí, con la premisa de que España es (o era) un país con un clima cálido, así que esto influyó en los materiales.

Resumiendo mucho la historia, siempre se ha utilizado un betún más duro para el asfalto, porque resiste mejor las altas temperaturas y el paso constante de vehículos pesados. España es el segundo país de Europa con mayor tráfico de camiones, así que el firme debe soportar calor y fatiga.

El problema aparece cuando ese asfalto tiene que soportar lluvias intensas. Un firme duro es más frágil ante la humedad y las lluvias, pues no drena igual que otro más poroso que se suele utilizar en países más húmedos, como el Reino Unido.

Cuando llueve de forma intensa y tan continuada, el agua no se queda en la superficie, sino que termina filtrándose. Las capas inferiores del asfalto, encargadas de repartir las cargas de los vehículos, permanecen húmedas durante mucho más tiempo. Y si esa base pierde su capacidad estructural, la capa superior termina agrietándose.

¿Y cuál es la conclusión? Baches, socavones, agujeros y tramos completos en mal estado. No es que las carreteras estén mal construidas o hechas con materiales de bajo coste, es simplemente que muchas no estaban pensadas para este patrón de lluvias.

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Además, otro de los problemas es que las zonas más castigadas por estas últimas borrascas están en Andalucía y Extremadura, que son más calurosas y menos húmedas que el resto de España.

Inversión y mantenimiento en las carreteras españolas

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Fuente: DGT

Tampoco podemos reducirlo todo al cambio climático, porque también es importante la inversión en mantenimiento. Según la Asociación Española de la Carretera (AEC), serían necesarios casi 13.500 millones de euros para poner al día el asfalto de la red española de carreteras. La misma AEC sostiene que el 52% de los kilómetros están en un estado deficiente.

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Por un lado, sería necesario aprovechar la renovación para adaptar el firme a las condiciones climáticas. Por el otro, hay que recuperar los niveles de mantenimiento y el presupuesto en el que se ha recortado en los últimos años.

La solución no será inmediata ni mucho menos, pero se están estudiando nuevas mezclas asfálticas, mejoras en el drenaje y cambios en los criterios del diseño. Pero en cualquier caso, no se pueden mejorar miles de kilómetros de un año para otro.