Durante décadas, cambiar el aceite del coche cada 10.000 kilómetros —o una vez al año, lo que antes ocurriera— ha sido casi un dogma del mundo del motor. Una norma no escrita que muchos conductores han seguido a rajatabla, convencidos de que así protegían el motor y alargaban la vida útil de su vehículo. Pero, como con tantos otros hábitos heredados, la tecnología y la investigación han empezado a ponerlo en duda.
Hoy, con motores más eficientes, lubricantes mucho más avanzados y estudios técnicos que van más allá de la simple intuición, conviene replantearse si realmente es necesario cambiarlo con tanta frecuencia. Porque puede que, sin saberlo, estés gastando dinero de más… y tirando aceite que aún tiene mucho que ofrecer.
1El origen del mito de los 10.000 kilómetros
La famosa cifra de los 10.000 kms no surgió por casualidad. Durante muchos años, los aceites minerales perdían propiedades con relativa rapidez, sobre todo en motores antiguos, menos ajustados y con sistemas de combustión más imprecisos. Cambiar el aceite con frecuencia era una garantía de supervivencia mecánica.
Sin embargo, el parque automovilístico ha cambiado. Los lubricantes actuales —sintéticos o semisintéticos, en su mayoría— están formulados para soportar mayores temperaturas, resistir mejor la oxidación y mantener su viscosidad por más tiempo. Aun así, la costumbre se ha mantenido; en parte, alimentada por la inercia y por el interés comercial de algunos talleres.

