La automoción quiere ser prioridad de país y reclama a los partidos una estrategia industrial estable ante las próximas elecciones generales.
De una reunión en Zaragoza a una petición a todos los partidos
Los fabricantes de vehículos y los proveedores de componentes han unido su discurso en un encuentro celebrado el 15 de octubre en Mobility City, Zaragoza. Allí, la junta directiva de la asociación de proveedores recibió a la cúpula de la asociación de fabricantes para compartir diagnóstico sobre la situación de la automoción española y europea.
El mensaje que sale de esa cita es inequívoco. España mantiene una posición industrial de referencia en Europa y una cadena de valor competitiva, pero ninguna de las dos cosas está garantizada en el nuevo escenario internacional. La transformación tecnológica, la incertidumbre sobre la demanda, la presión sobre los costes y una competencia exterior más agresiva forman un cóctel que el sector no quiere afrontar sin red.
Por eso el llamamiento es explícito y se dirige a todas las fuerzas políticas: que la automoción figure como sector prioritario en los programas electorales, con compromisos concretos y visión de largo plazo. No hablamos de gestos ni de declaraciones de intenciones. Hablamos de un marco que ordene la inversión, la innovación y el empleo de una industria que arrastra tras de sí a numerosas pymes repartidas por toda la geografía española.
La automoción no pide un favor electoral, sino un marco estable que permita invertir, innovar y competir sin depender del color del Gobierno de turno.
El sector ya tiene su propia hoja de ruta: el Plan España Auto 2030, impulsado por las asociaciones de fabricantes y de proveedores con la participación de todos los actores implicados. La petición a los partidos es doble. Primero, que den continuidad y profundidad a ese documento. Segundo, que el Gobierno que salga de las urnas lo dote de partidas presupuestarias para sacar adelante las medidas que han quedado sin desarrollar.
Los ocho frentes que condicionan la competitividad
La estrategia que reclaman no se limita a una línea de ayudas. Aborda de forma integral los factores que determinan si una planta española es competitiva frente a otra instalada en Europa del Este o en Asia. Son estos ocho:
- Costes energéticos.
- Fiscalidad.
- Regulación.
- Inversión.
- Innovación.
- Financiación.
- Talento y formación.
- Impulso de la demanda.
El último punto es el que más condiciona al resto. Sin una demanda que acompañe la transformación tecnológica, la industria puede fabricar los vehículos más avanzados de Europa y no encontrar comprador dentro de casa. El mercado interior forma parte de la ecuación industrial, no es un añadido comercial: de él dependen la carga de trabajo de las plantas y la amortización de las inversiones.
Europa aprieta y la cadena de valor se tensa
El encuentro también sirvió para mirar más allá de los Pirineos. Fabricantes y proveedores coinciden en que Europa debe actuar con mayor ambición ante la competencia internacional y reforzar su capacidad industrial y tecnológica. Valoran iniciativas como la Industrial Accelerator Act (IAA) y reclaman celeridad a las instituciones europeas para fortalecer las cadenas de suministro, fomentar la producción con valor añadido en el continente y reducir dependencias estratégicas.
No es un terreno sencillo. La industria europea compite en un tablero donde otras regiones manejan ventajas claras en costes, escala y acceso a materias primas. Lo que se pide en Bruselas es un equilibrio razonable entre los objetivos de descarbonización y la preservación de la competitividad, de modo que la producción no emigre y regrese convertida en importación.
Hay un tercer frente, más silencioso: la relación entre fabricante y proveedor. Las dos partes defienden un modelo de partenariado basado en la confianza y la colaboración, y advierten de que la presión competitiva no debe traducirse en una pérdida de capacidades en ningún eslabón. La salud de las pymes proveedoras sostiene la del fabricante.
Qué se juega el mercado español
La política industrial parece un asunto lejano, de despachos y notas de prensa. No lo es. De las decisiones que se adopten en los próximos meses depende qué se fabrica en España, cuánta inversión aterriza en las plantas y qué empleo se sostiene en el territorio. Cada línea de producción adjudicada a una factoría española es también un argumento para que el comprador de aquí acceda a producto fabricado cerca, con una red de proveedores detrás.
El calendario electoral marca el próximo hito. Los partidos están obligados a posicionarse y el futuro Ejecutivo tendrá que decidir si dota o no de presupuesto la hoja de ruta que el sector ya ha puesto sobre la mesa. Entre medias, la automoción seguirá reclamando un lugar prioritario en la política industrial española, con la vista puesta en 2030 y la advertencia de que su posición de referencia en Europa puede diluirse por falta de marco.
Para el conductor, la traducción es sencilla: la estabilidad industrial se convierte en oferta disponible y en tecnología accesible. Quien mire un eléctrico, un híbrido enchufable o un vehículo comercial notará el efecto antes en el concesionario que en el boletín oficial, pero el origen es el mismo. El próximo dato relevante no será una cifra de matriculaciones, sino los compromisos que los programas electorales dediquen a la automoción.

