Hay decisiones industriales y hay declaraciones de principios. La reapertura de pedidos de los Giulia y Stelvio Quadrifoglio por parte de Alfa Romeo pertenece claramente a la segunda categoría. Desde principios de marzo, los clientes europeos pueden volver a encargar las versiones más radicales de la berlina y el SUV del Biscione, una medida que acompaña la extensión de su producción hasta 2027 y que responde, según la propia marca, a la insistente demanda de los entusiastas.
En un momento de transformación profunda para la industria, con electrificación acelerada y normativas cada vez más estrictas, el regreso del Quadrifoglio suena casi a manifiesto emocional. Santo Ficili, CEO de la compañía, lo dejó claro durante el reciente Salón del Automóvil de Bruselas 2026: reabrir los pedidos es cumplir una promesa a aquellos clientes que priorizan «el rendimiento extremo y las emociones puras inherentes al ADN de Alfa Romeo».
Una historia viva desde 1923

Hablar de Quadrifoglio es hablar de historia. El trébol de cuatro hojas debutó en 1923, cuando el piloto Ugo Sivocci ganó la Targa Florio al volante de un Alfa Romeo RL que lucía el símbolo como amuleto. Desde entonces, el emblema no solo distinguió a los coches de competición de la casa milanesa, sino también a sus versiones de calle más potentes y exclusivas. Más que una insignia, el Quadrifoglio es una declaración de intenciones: técnica sin concesiones, diseño con propósito y conducción en estado puro.
En los actuales Giulia y Stelvio, esa filosofía se traduce en una arquitectura pensada para el equilibrio absoluto. Cada decisión técnica apunta a optimizar la relación entre ligereza, rigidez estructural y distribución de masas. El uso extensivo de aluminio —incluido el bloque motor— y de fibra de carbono en elementos como el eje de transmisión, el capó, el spoiler o las taloneras no responde a un ejercicio estético, sino a una obsesión por la precisión dinámica.
La aerodinámica activa del Giulia es uno de los ejemplos más refinados. Su splitter frontal de fibra de carbono se gestiona electrónicamente para modular el flujo de aire bajo el coche, aumentando la estabilidad a alta velocidad. En el Stelvio, la altura y la silueta SUV no impiden un comportamiento incisivo, sostenido por una puesta a punto que prioriza el tacto directo y la comunicación constante con el conductor.
El corazón de la gama Quadrifoglio

Pero si hay un elemento que define el carácter de ambos modelos es el motor. Bajo el capó ruge un V6 2.9 biturbo de 520 CV, una mecánica que resume la tradición deportiva de Alfa Romeo en una cifra contundente. No se trata solo de potencia, sino de entrega: lineal, inmediata, visceral. En la Giulia, esta unidad puede asociarse a tracción trasera, preservando el equilibrio clásico de las grandes berlinas deportivas, mientras que el Stelvio recurre al sistema Q4 de tracción integral para maximizar la motricidad sin sacrificar agilidad (aquí la primera prueba de ambos).
El diferencial mecánico de deslizamiento limitado contribuye a esa sensación de control absoluto. Optimiza la transferencia de par entre las ruedas y mejora la tracción en apoyo, elevando la velocidad de paso por curva y reforzando la estabilidad en condiciones exigentes. El resultado es un conjunto que no busca impresionar solo con cifras, sino con sensaciones.
Una sinfonía por el escape firmado por Akrapovič
A esa experiencia dinámica se suma una dimensión sonora inconfundible. El sistema de escape firmado por imprime un timbre profundo y metálico que amplifica el carácter del V6. No es un simple acompañamiento acústico: es parte integral del diálogo entre máquina y conductor, un recordatorio constante de que cada aceleración tiene alma.
El diseño exterior refuerza la conexión con el mundo de la competición. Las llantas de cinco orificios —19 pulgadas en la Giulia y 21 en el Stelvio—, las pinzas de freno anodizadas en gris y los elementos en fibra de carbono subrayan su vocación prestacional. En la berlina, el spoiler trasero no es solo un guiño racing, sino una pieza funcional que optimiza la carga aerodinámica.
Interior del Giulia y Stelvio Quadrifoglio
Dentro, el ambiente mantiene el mismo tono. Los asientos Racing Sparco en cuero y Alcántara, con estructura de fibra de carbono, abrazan al conductor y al acompañante como si se tratara de un coche de circuito homologado para carretera. La ergonomía gira en torno al volante y a las levas de aluminio de gran tamaño, reafirmando que el foco está siempre en quien conduce.
La paleta cromática —Rosso Etna, Verde Montreal, Blu Misano, Grigio Vesuvio, Nero Vulcano y Rosso Alfa— no es casual. Cada color refuerza el carácter emocional del conjunto y conecta con la tradición italiana de combinar técnica y estética con naturalidad.

Con la extensión de su producción hasta 2027, la marca italiana no solo alarga la vida comercial de dos modelos icónicos. Reafirma un posicionamiento: en la era de la electrificación, todavía hay espacio para celebrar la combustión como experiencia sensorial. El Quadrifoglio, nacido como talismán en las polvorientas carreteras sicilianas, sigue siendo hoy un símbolo de excelencia técnica aplicada a la pasión.
En definitiva, la reapertura de pedidos de Giulia y Stelvio Quadrifoglio no es un simple anuncio de producto. Es la confirmación de que, para Alfa Romeo, la deportividad no es una etiqueta histórica, sino un compromiso vivo. Y mientras el trébol verde siga latiendo sobre la carrocería, habrá conductores dispuestos a escuchar su llamada.
Fotos: Alfa Romeo.






