domingo, 3 julio 2022

GP de Canadá de F1. Sainz, cada vez más cerca de la victoria, pero Verstappen más lejos de Leclerc

El GP de Canadá no suele defraudar en sus expectativas, al menos en el terreno deportivo. De nuevo, fue el caso en esta pasada edición. Solo que también cumplió fuera de la pista dejando varias cargas de profundidad en el terreno político que irán explotando en las próximas carreras.

Todo empezó en Montreal con la Directiva Técnica de la FIA para intentar parar la sangría del ‘efecto rebote’ o porpoising en los actuales monoplazas. Un tema nada baladí, por cuanto fue recibido de manera distinta por unos y otros ante el potencial efecto en la jerarquía actual de la Fórmula 1. La Federación, presionada por los mismos pilotos y la necesidad de afirmar su erosionada autoridad, entró en juego en el Gran Premio de Canadá anunciando medidas para neutralizar el fenómeno que trae de cabeza a pilotos y equipos.

Pero su bienintencionada voluntad acabó explotándole en las manos a la entidad. El peligro de que sus medidas perjudicaran a unos o beneficiaran a otros puso en pie de guerra al personal, abriendo un conflicto que tendrá continuidad en próximas carreras. A pesar de la directiva, ni se estableció métrica alguna para corregir el rebote de los coches en Montreal, ni se recogieron datos de cada monoplaza (como se anunció en la Directiva Técnica) para ajustar el tiro en el futuro.

Eso sí, se mostraron resistencias y se abrieron distintos frentes opuestos, incluso con enfrentamientos entre los responsables de los principales equipos. “Mucho ruido para nada”, resumía Mattia Binotto. La FIA debe imponer su autoridad y los equipos (sobre todo Ferrari y Red Bull) no quieren que sus monturas sean modificadas. De modo que la primera batalla de esta guerra se libró ya en Montreal, la seguridad, el rendimiento deportivo y la autoridad como intereses en juego y encontrados. Continuará.

Red Bull, inalcanzable en el GP de Canadá

En lo deportivo, la singular configuración del Gilles Villeneuve, un circuito de hechuras antiguas, no suele defraudar. Sin embargo, el viernes se antojaba lo contrario. Por un lado, el ritmo de Max Verstappen. Helmut Marko avisaba tras las dos primeras sesiones de libres que el RB18 era ‘varias décimas’ superior al F1-75 de Ferrari. El sábado, parecía confirmar en los clasificatorios semejante pronóstico. Nadie fue capaz de acercarse a sus cronos. Las varias penalizaciones de Charles Leclerc llevaron al monegasco al fondo de la parrilla, por lo que un rival clave quedaba fuera de juego.

Pero Carlos Sainz hizo sufrir al holandés como pocas veces esta temporada, cogiendo el testigo de Charles Leclerc para defender los intereses de Ferrari. Por muy poco no logró su doble objetivo: impedir que Verstappen siguiera alejándose de Leclerc (con la pole en las cuatro últimas carreras, aunque sin ganar ninguna), y lograr ese primer triunfo que se le resiste enconadamente.

Fue una carrera compleja y abierta. Verstappen entró sorprendentemente pronto en boxes: su primer juego comenzó a degradarse más rápida e inesperadamente de lo previsto. Sainz se quedó en cabeza. ¿Iría Red Bull a una o dos paradas? En torno a la mitad de la carrera, el dilema estaba abierto: Sainz había realizado una parada, Verstappen dos ¿Habría alcanzado el holandés al Ferrari, o el español tenía margen para aguantar hasta el final? El accidente Tsunoda y el subsiguiente coche de seguridad impidió conocer la respuesta. “Tras la segunda parada, por supuesto, tenía neumáticos frescos, y me acercaba a Carlos, pero no estaba seguro de que hubiera podido cerrar la diferencia al final de la carrera”. Por primera vez esta temporada, el español contaba con opciones de ganar, y por asertividad y méritos propios, no por circunstancias sobrevenidas dependientes de terceros.

Carlos Sainz apretó hasta el final a Verstappen

Pero Ferrari no se atrevió a dejar a su piloto a una sola parada. Tras la segunda, Sainz se colocó a la estela del holandés en las últimas quince vueltas. “Ha sido probablemente la primera vez en todo el año que he sido el más rápido en pista, y no tener la victoria cuando eres el más rápido quizás duele más, pero nos hemos encontrado un circuito que era muy difícil pasar, sobre todo con coches con ritmo parecido” se lamentaba Sainz, quien lo intentó todo pero no pudo nunca lanzar un ataque directo a Verstappen a pesar de rodar a menos de un segundo de su rival de forma constante.

“No ha sido una sorpresa el ritmo, desde el viernes Carlos fue muy rápido, sabíamos que podíamos luchar, sabemos que nuestro coche era competitivo” reconocía Mattia Binotto al terminar el fin de semana, “Carlos era competitivo con el coche, está pilotando cada vez más rápido y ha sido muy bueno verle hoy ciertamente tan rápido, o ligeramente más rápido que Max”. Sainz terminó segundo y logró la vuelta rápida, pero sigue esperando ese escurridísimo primer triunfo. Ya queda menos, repetía el propio Binotto al terminar el fin de semana. Ferrari logró superar el domingo (en ritmo, que no en resultado final) a Red Bull, lo que augura una gran igualdad entre ambos equipos para las próximas carreras que llegarán una detrás de otra hasta la pausa de agosto. Pero Verstappen ya aventaja a Leclerc en el equivalente a dos victorias.

Alonso, otra vez sin suerte

Fernando Alonso salió verdadera defraudado del Gran Premio de Canadá, y con motivos sobrados. Su extraordinaria exhibición del sábado, que le otorgó salir junto a Verstappen, fue oscurecida el domingo por una pésima fortuna que no hizo justicia a su extraordinario rendimiento. Cuando marchaba tercero, la corta salida del coche de seguridad virtual frustró su entrada en boxes, lo que destrozó su estrategia. Pero hubo más infortunios. “A partir de la vuelta 20 tuvimos un problema de motor que cortaba el kers a mitad de la carrera, perdíamos hasta ocho décimas o hasta un segundo por vuelta, en las curvas tenía que ir como un ‘kamizake’. Mantuvimos la séptima posición de milagro, es una pena. Y tuvimos otro contratiempo con el motor en mi coche. La verdad es que duele, otra vez la mala suerte que me acompaña”, se lamentaría después. Pero aún quedaba el último contratiempo: una penalización de cinco segundos por obstaculizar en la recta a Bottas le llevó a la novena posición. Nunca tan poca recompensa para tan gran despliegue de talento del piloto más veterano de la parrilla.