Ford recupera su ADN de rally para definir el futuro de sus coches en Europa

Ford quiere trasladar a sus próximos modelos europeos la emoción, la agilidad y el carácter de sus coches de competición. Una estrategia que recupera un legado de más de un siglo, desde los primeros triunfos en Montecarlo hasta los éxitos mundiales del Focus WRC.

Ford quiere recuperar la esencia de los rallys para marcar el rumbo de sus próximos coches de calle en Europa. La marca estadounidense ha encontrado en su historia deportiva los argumentos para diferenciarse en plena transformación de la industria del automóvil, con una nueva estrategia que busca combinar electrificación, tecnología y placer de conducción. El objetivo es desarrollar vehículos adaptados a las carreteras europeas, con especial atención a la agilidad, el comportamiento dinámico y la capacidad para transmitir sensaciones al volante.

La iniciativa se presentó el 18 de mayo de 2026 durante un encuentro europeo de socios y concesionarios celebrado en el circuito de Salzburgring, en Austria. Bajo el lema global «Ready, Set, Ford», la compañía anunció una reorientación de su gama de turismos que pretende recuperar los valores asociados a sus modelos más deportivos. La competición vuelve así a ocupar un lugar relevante en la identidad de la marca, no solo como escaparate tecnológico, sino también como fuente de inspiración para sus futuros productos.

La elección de los rallys como referencia no es casual. Ford acumula una larga trayectoria en esta disciplina, en la que ha desarrollado coches capaces de competir sobre superficies tan diferentes como el asfalto, la grava, el barro o la nieve. Esa experiencia ha contribuido a definir algunas de las características más reconocibles de sus modelos deportivos: respuestas directas, chasis ágiles y una relación especialmente estrecha entre el conductor y la máquina.

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Los primeros capítulos de esta historia se escribieron mucho antes de que existiera el Campeonato del Mundo de Rallys. En 1936, el piloto rumano Petre Cristea, acompañado por Ionel Zamfirescu, conquistó el Rally de Montecarlo con un Ford V8 modificado. Dos años después, Gerard Bakker Schut y Karel Ton repitieron la victoria con otro modelo de la misma familia. Aquellos resultados demostraron que los automóviles de la marca podían destacar en una de las pruebas más exigentes del calendario europeo.

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Foto: Ford

Otro nombre propio de aquella época fue el del neerlandés Maurice «Maus» Gatsonides, vencedor de Montecarlo en 1953 al volante de un Ford Zephyr. Su ingenio técnico le llevó a buscar soluciones para mejorar el rendimiento del coche incluso en las condiciones más complicadas. Durante los descensos alpinos, sus mecánicos utilizaban cubos de agua para enfriar los frenos y combatir el sobrecalentamiento. Gatsonides también pasó a la historia por desarrollar un dispositivo para medir con precisión la velocidad de paso por curva, antecedente de los sistemas de control de velocidad conocidos popularmente como cámaras Gatso.

Sin embargo, fue durante los años setenta cuando Ford consolidó su posición en los rallys internacionales. El Escort RS1600 se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la época gracias a pilotos como Hannu Mikkola y Roger Clark. Este último alcanzó una especial relevancia en el automovilismo británico al ganar el Rally RAC en 1972, una victoria que repetiría en 1976 con el Escort RS1800 MkII.

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Foto: Ford

Clark, conocido dentro del entorno de competición como «Albert», había adoptado ese seudónimo durante sus primeros años para evitar que su padre, propietario de un concesionario y taller, descubriera que participaba en carreras. El apodo terminó acompañándolo durante su trayectoria deportiva, incluso en el equipo oficial de Ford.

El Escort RS1800 también fue decisivo para que la marca conquistara el Campeonato del Mundo de Rallys de constructores en 1979. Ese mismo año, Björn Waldegård se convirtió en el primer campeón mundial de pilotos de la disciplina. El sueco protagonizó una intensa batalla con su compañero de equipo Hannu Mikkola, que se resolvió en la última prueba de la temporada, el Rally de Costa de Marfil. Waldegård se impuso por un solo punto, con 112 frente a los 111 de su rival.

La historia del Escort también está ligada a Ari Vatanen, cuya carrera con Ford estuvo marcada por una combinación de velocidad, accidentes y perseverancia. Después de una prometedora temporada en 1976, el piloto finlandés atravesó un año complicado en 1977, en el que acumuló abandonos pese a ganar el Rally Ártico. Peter Ashcroft, responsable de competición de Ford, mantuvo su confianza en él. La apuesta dio resultado en 1981, cuando Vatanen, acompañado por David Richards, conquistó el título mundial de pilotos al volante de un Escort RS1800.

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Aquellos coches de tracción trasera, equipados con motores Cosworth BDG, representan una época en la que la puesta a punto del chasis y la habilidad del piloto resultaban determinantes. La evolución de esa filosofía daría lugar a otros modelos emblemáticos, como el Ford RS200 del Grupo B, el Sierra RS Cosworth y el Escort RS Cosworth de los años noventa, reconocible por su espectacular alerón posterior.

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Foto: Ford

A finales de esa década llegó el turno del Focus WRC, uno de los coches más importantes de la historia deportiva de Ford. Desarrollado por M-Sport, la estructura británica dirigida por Malcolm Wilson, debutó en el Mundial con pilotos de la talla de Colin McRae y Carlos Sainz. Su combinación de competitividad y capacidad de evolución lo convirtió en una referencia de la categoría.

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A lo largo de sus seis evoluciones, el Focus WRC acumuló 44 victorias y 148 podios. Además, contribuyó a que Ford conquistara los títulos mundiales de constructores de 2006 y 2007, con Marcus Grönholm y Mikko Hirvonen como protagonistas de aquella etapa. Su experiencia técnica también tuvo continuidad en los modelos de calle, especialmente en el Focus RS y el Fiesta ST, dos automóviles que trasladaron parte de esa herencia deportiva a un público más amplio.

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Foto: Ford

La nueva estrategia europea pretende aprovechar precisamente esa conexión entre competición y producto. Ford ya ha demostrado en Estados Unidos que existe espacio para una identidad basada en las prestaciones y la conducción fuera del asfalto, con modelos como el Bronco y las versiones Raptor de sus pick-ups. En Europa, donde las carreteras estrechas, los cambios de rasante y las curvas enlazadas plantean exigencias diferentes, la marca quiere recurrir a su experiencia en los rallys para construir una propuesta propia.

El desafío consiste en trasladar ese carácter a una gama que deberá responder también a las nuevas exigencias de eficiencia, seguridad y electrificación. La marca no ha detallado todavía todas las características de los futuros modelos vinculados a esta estrategia, pero el mensaje de Salzburgring apunta a una mayor atención al comportamiento dinámico y a la implicación del conductor.

Más allá de la potencia o de las cifras de aceleración, Ford quiere recuperar una cualidad que ha acompañado a sus deportivos más reconocidos: la capacidad de hacer que conducir resulte emocionante. Su legado en los rallys ofrece una base para desarrollar coches adaptados a las condiciones europeas, capaces de transmitir confianza en superficies deslizantes y de responder con precisión en carreteras sinuosas. El futuro de Ford en Europa se apoyará, por tanto, en una combinación de tecnología y herencia deportiva.

Después de décadas de éxitos en los tramos más exigentes del mundo, la marca busca que aquella experiencia vuelva a sentirse en sus coches de calle. La competición deja así de ser únicamente un recuerdo de su pasado para convertirse en una de las claves con las que pretende definir su próxima generación de automóviles.

Galería de imágenes de la historia de Ford en rallyes

Fotos: Ford