356 - Toyota Camry a los 30.000 kilómetros

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Toyota Camry a los 30.000 kilómetros

18 de Agosto de 1990

Los japoneses trataban de introducirse en un mercado sujeto a cupos de importación muy restrictivos para la industria automovilística. Era momento, por tanto, de comprobar cuáles eran las virtudes que ofrecían y por ello habíamos tomado el Toyota Camry y lo habíamos sometido a una de nuestras pruebas de larga duración. Además, el Proto C, el concept que Seat iba a presentar en el Salón de París y que podría ser la base de la futura generación del Ibiza.
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Hace 25 el segundo cinturón de circunvalación de Madrid se inauguraba. Los primeros tramos de la M-40 entraban en funcionamiento y en Motor16 ya dábamos cuenta de algunos desastres en su diseño. Pero pese a esos defectos, esta vía se ha convertido en estos años en clave para todos los ciudadanos de la capital.

Otra semana más la liberalización del precio de los carburantes era motivo de controversia, pues la gasolina en nuestro país estaba a punto de alcanzar las 90 pesetas por litro. La esperada bajada en el precio se convertía en todo lo contrario, y además con el hecho añadido de que las subidas que marcaba el Gobierno eran utilizadas para ajustar el IPC en función de los intereses de cada momento.

La portada estaba protagonizada por el Proto C, el concept que Seat presentaría en el Salón de París de ese año y que veíamos como el 'embrión' del futuro Seat Ibiza, lo mismo que el Proto T lo había sido también del Toledo.

La prueba de la semana era de un modelo cuyo nombre ya provocaba fascinación: Maserati. Uno de sus fundadores, Ettore Maserati, acababa de fallecer en Bolonia y era un buen momento para someter a una prueba a fondo al Maserati Spyder, al que denominábamos como un 'capricho majestuoso'. Por ocho millones y medio de pesetas, con este Spyder disfrutábamos de un modelo con 250 caballos de potencia del que destacábamos como positivo su equipamiento, su rendimiento deportivo y sus eficaces frenos. Y como notas negativas estaban una quinta marcha muy ahorrativa y un radio de giro demasiado grande, además de un volante en madera resbaladizo.

Otra prueba, ésta de larga duración, pues habíamos recorrido con él 30.000 kilómetros en unos pocos meses, era la que habíamos realizado con el Toyota Camry, una berlina de imponente aspecto con la que la marca japonesa quería introducirse en nuestro mercado, aún sometido a los famosos cupos de importación de vehículos japoneses.

La conclusión tras la prueba era clara; del Toyota Camry destacábamos su excelente calidad de fabricación, el acabado y la fiabilidad mecánica que había demostrado durante el recorrido. Además, la nota dada por los diferentes probadores de la revista al valorar aspectos como confort, comportamiento, mecánica, consumo o funcionalidad, era un notable alto.

La prueba del Toyota Camry se complementaba con un informe sobre la situación de las marcas japonesas en su intento de introducirse en el mercado español. Así, tratábmos de radiografiar la oferta comercial de todas ellas y sus servicios de asistencia y disponibilidad de recambios, que era uno de los grandes 'handicap' con los que se encontraban para conseguir el favor de los conductores. Hoy, la implantación de fabricantes japoneses es un hecho indudable.

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