Volkswagen Polo 1.0 TSI DSG 95 CV Sport. ¿Y para qué más?
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Volkswagen Polo 1.0 TSI DSG 95 CV Sport. ¿Y para qué más?

Esta versión del Polo se sitúa en el ecuador de la gama en cuanto a potencia se refiere con sus 95 caballos. Sumamente equilibrada y asociada al cambio DSG, es ideal para el día a día en la ciudad y sus alrededores, y no se pone de perfil ante mayores retos por carretera.

Gregorio Arroyo

Gregorio Arroyo

19 de Marzo 2019 21:00

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El Polo es uno de los grandes entre los cada vez menos pequeños. En esta última generación se ha convertido en una especie de 'mini Golf' por su calidad y rotundidad. Y, por ende, se trata de un modelo tan equilibrado en todos los frentes que se convierte en una de las referencias de su categoría.

Y lo hace porque se remata con una calidad superior a la media del segmento, pero también por presumir de un tacto general de 'coche grande', de un equipamiento muy avanzado y de motores tan solventes como eficientes.

Uno de ellos es el que porta nuestro protagonista. Se trata del conocido bloque tricilíndrico de un litro que, gracias a la introducción del turbo y la inyección directa, presume de una potencia de 95 CV, que le sitúa en una posición intermedia: por debajo encontramos variantes atmosféricas de 65 y 80 CV, y por encima un 1.0 TSI de 115 y la variante GTI con 200 CV.

Y si asociamos este motor con el cambio automático de doble embrague de siete relaciones, la simbiosis resulta perfecta por el confort extra que nos brinda.

Con nervio

Es curioso que algunos piensen que 95 CV pueden ser escasos para mover un vehículo que, con lo puesto, ronda los 1.180 kilos de peso. Error. Porque, sin ser un 'tiro', sus números son brillantes, no sólo en la urbe y sus pedanías; también en carretera. Con el programa Sport activado y jugando con las siete relaciones de manera secuencial obtendremos cifras muy solventes para adelantar; y si apuramos, el corte no llega hasta las 6.200 rpm.

Es cierto que con esa caballería resulta complicado poner en apuros a su excelente chasis. Y más en nuestro caso, con un acabado Sport que nos permite optar, por 155 euros extra, a un tren de rodaje deportivo, con suspensión algo más firme y carrocería rebajada 15 milímetros.

Perderemos algo de confort sobre firme irregular, pero gozaremos de una dinámica más sólida y estable, limitando un tanto los balanceos de la carrocería. Y si queremos salir con más eficacia en curva, el diferencial electrónico XDS también es una opción recomendable

La dirección no es 'superdirecta', aunque resulta precisa y comunicativa, y los frenos registran unas distancias más que aceptables.

El cambio DSG7 es ideal, aunque no perfecto. En el lado negativo está su falta de progresividad desde parado cuando realizamos maniobras de aparcamiento, lo que se agrava un tanto si estamos en pendiente.

Un pequeño borrón que no empaña un tándem capaz de firmar un consumo comedido si nos tomamos las cosas con calma; aunque, si apuramos, se dispara más de lo esperado y supera los 9 litros.

Por espacio, maletero y calidad se sitúa por encima de la media. También por equipamiento, con elementos entre los que destaca la pantalla táctil de 8 pulgadas -de excelente resolución-, o ayudas de conducción de serie como el Front Assist con frenada de emergencia en ciudad.

LA CLAVE

Es una versión muy equilibrada para los que se muevan por la ciudad y sus alrededores a diario, sin descartar una conducción solvente por carretera. El cambio DSG nos hace la vida más agradable y el acabado Sport nos da un plus dinámico sin restar apenas confort. Lo dicho, equilibrado en todo.

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