Skoda Fabia Scout. Imagen y punto
PRUEBA

Skoda Fabia Scout. Imagen y punto

La saga Scout se extiende como la pólvora por la gama Skoda. El punto de partida se inicia en el Fabia, que se remata con una estética más poderosa, pero sin otro tipo de aliados 'off road' que sí contemplan sus hermanos mayores. Lo hemos probado con el voluntarioso motor TSI de 95 CV.

Gregorio Arroyo

Gregorio Arroyo

16 de Febrero 2020 21:00

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El sello Scout de Skoda se asocia a la gama más aventurera desde hace tiempo y salpica ya a modelos tan variopintos como el Octavia, el Karoq, el Kodiak, el Superb y a nuestro protagonista, el Fabia. En todos ellos es común rodearse de una estética más robusta y musculosa, pero no todos comparten la misma exigencia de cara al mundo 'off road'.

Algunos presumen de tracción total y asistentes eléctrónicos enfocados a esa función. No es el caso del Fabia Scout, disponible únicamente con carrocería Combi, que se conforma únicamente con blindar su carrocería con llamativas protecciones y punto.

Y no le sientan nada mal los difusores delantero y trasero plateados, los pasos de rueda y marcos de las ventanillas en negro mate o unas llamativas llantas de aleación de 17 pulgadas rematadas en color antracita metalizado. Los refuerzos provocan que la longitud se incremente en un par de centímetros, hasta los 4,29 metros.

En esta ocasión el Scout de entrada a la gama sólo dispone de tracción delantera y no hay aliados 'off road' al uso. Ni siquiera la altura al suelo o el ajuste del chasis son detalles específicos que pongan tierra de por medio. Por lo tanto, en tierra, la eficacia es justita, la misma que el resto de la gama, pero sin la preocupación de que nos salte una piedra o una rama.

Eso sí, no se entiende demasiado bien que siendo un Scout ofrezca en opción, por 180 euros, un paquete para carreteras en mal estado, con alguna protección adicional en los bajos.

Suficientes sus 95 CV

Hasta ahí su 'traje'. El resto es conocido, como el motor. El voluntarioso bloque tricilíncrico 1.0 TSI eroga 95 CV, suficientes para un conjunto que no llega a los 1.200 kilos de peso, pero si vamos cargados, con las cinco plazas ocupadas y el enorme maletero de 530 litros hasta arriba, la cosa cambia, sobre todo si el trazado comienza a ser hacia arriba.

No obstante, para un uso diario y habitual es más que suficiente. Es cierto que en carretera conviene llevarlo por encima de las 2.000 rpm para que comience a respirar, y eso nos obligará a utilizar el cambio de cinco relaciones, ya que los desarrollos finales son largos. De hecho en cuarta ya alcanza la velocidad máxima si forzamos hasta acariciar las 6.000 vueltas. Todo esto se evitaría en gran parte con una caja DSG de la que no dispone esta versión.

Al exigirle, y al ralentí, no puede ocultar su naturaleza tricilíndrica, diferente por sonido y con alguna vibración extra, pero sin molestar.

Si nos lo tomamos con calma podemos firmar unos consumos muy atractivos en carretera y autopista. Pero como suele ocurrir con estos motores de escasa cilindrada, si forzamos más de la cuenta, se dispara más, y en mayor proporción, que lo haría un bloque con más 'cubicaje'.

Dinámicamente su excelente chasis y tacto general nos permitirá viajar confortablemente, sin acusados balanceos de la carrocería debido a una suspensión firme, pero perfectamente equilibrada de cara al confort.

LA CLAVE

Es pura imagen, sin más, pero nos desmarcaremos del resto con un vehículo que hoy día no tiene rivales directos, por su carrocería familiar en el segmento B y por su estética 'off road'. Esta bien hecho, es amplio, tiene un gran maletero y está bien equipado. El propulsor de 95 CV cumple con lo esperado.

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