Renault Mégane TCe 130 EDC. Buenas vibraciones
NUEVO CAMBIO AUTOMÁTICO DE DOBLE EMBRAGUE

Renault Mégane TCe 130 EDC. Buenas vibraciones

Por 1.500 euros adicionales el comprador de un Renault Mégane puede tener, además de un motor de gasolina potente, suave y agradable, un cambio automático de doble embrague muy eficaz, aunque sin levas. Lo probamos en el nuevo Mégane con acabado Bose.

Andrés Mas

Andrés Mas Twitter

25 de Julio 2014 14:23

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La idea que tiene el gran público de los cambios automáticos sigue estando, en la mayoría de los casos, bastante alejada de la realidad. Y automatismos como el EDC de doble embrague del nuevo Mégane sirven como excelente ejemplo para demostrar que, en la mayoría de los casos, este tipo de transmisiones modernas es una de las mejores opciones en las que se puede invertir en un automóvil. Un gasto muy útil que aporta sobre todo calidad de vida a bordo en forma de relax y facilidad de conducción, al margen de una mayor durabilidad de la mecánica.

En este caso el coste adicional por conducir sin tener que pisar el embrague y mover la palanca de cambios (una pesadez en los atascos de cada mañana para llegar al trabajo), es de 1.500 euros,  es decir unos 500 menos de lo que cuesta un DSG en el Seat León, un cambio de referencia sobre todo entre los modelos de marcas generalistas. 

El EDC (Efficient Dual Clutch) que monta el Mégane tiene todas las ventajas de un cambio automático y casi ninguno de sus inconvenientes. Para que nos entendamos, el Mégane 1.2 TCe EDC acelera igual que su equivalente con cambio manual, recupera mejor y gasta sólo unas décimas más. Es decir que las posibles pegas en las que piensa alguien que desconoce la evolución de este tipo de sistemas, desaparecen de un plumazo a cambio de un incremento en el precio que todavía tendría que bajar más para atraer a un comprador que aún se asusta cuando ve el precio y desconoce las ventajas. 

Un motor con genio

En el caso que nos ocupa, el cambio automático se combina con un motor de gasolina tremendamente agradable pero con el genio suficiente para conseguir una conducción dinámica si se desea. Y en cuanto a los consumos, muy sensibles al estilo de conducción, pueden ser especialmente bajos para tratarse de un gasolina automático, si tenemos un poco de cuidado a la hora de ejercer la presión sobre el acelerador, que el cambio sabrá gestionar de la manera más adecuada; o especialmente altos si pisamos el pedal derecho sin piedad y sin cuidado, o abusamos de la marchas cortas cuando recurrimos al carril adicional que permite cambios de forma manual secuencial.

En este modo se mantiene la marcha seleccionada aunque aceleres a fondo, pero sube de marcha sólo al llegar a las 6.200 rpm. En general se trata de un cambio muy eficaz pero a la vez muy sencillo, tan sencillo que carece de modo Sport o de unas levas en el volante que ni siquiera son opcionales.

Por lo demás, el Mégane con la nueva imagen y el equipamiento específico del acabado Bose, resulta tan atractivo como su precio, un precio especialmente competitivo si tenemos en cuenta su equipamiento.

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