Renault Espace Zen Energy 1.8 TCE 225 EDC. Buque insignia
PRUEBA

Renault Espace Zen Energy 1.8 TCE 225 EDC. Buque insignia

El monovolumen como lo entendíamos hasta 2015 pasó a ser historia cuando llegó la quinta generación del Espace. Entonces, este modelo mitad crossover mitad monovolumen deportivo consiguió que hubiera un antes y un después. Ahora probamos el buque insignia.

Andrés Mas

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8 de Abril 2018 19:00

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Mira que es difícil encontrar un monovolumen con una estética que se acerque, aunque sólo sea un poco, a esta quinta generación del Espace. Pero, además,si a esta singularidad estética le sumamos algunas de las características técnicas utilizadas por el modelo francés podríamos decir que no hay nada que se le parezca en el mercado, un hecho insólito en un segmento que lleva años evolucionando. Y es que no todo el mundo puede presumir de contar en su equipamiento de serie con una tecnología tan sofisticada como la dirección a las cuatro ruedas 4Control. Y menos combinar este sistema con un cambio automático de doble embrague y 7 marchas, con la amortiguación pilotada, con el sistema MultiSense y sus cinco modos de conducción o con equipamientos como los faros Full LED, los asientos eléctricos con masaje, la navegación 3D, los cinco asientos posteriores abatibles eléctricamente o el equipo de sonido Arkamys controlado mediante una pantalla táctil de 8,7 pulgadas. Son todos equipamientos de la categoría 'premium' en un modelo que apuesta todo por serlo. Y lo es, comenzando por el espacio.

El Renault Espace es un 7 plazas que ha tenido que estirarse para ofrecer la superficie interior más competitiva. El modelo francés mide 4.857 milímetros de largo y 2.884 de distancia entre ejes, lo que permite ofrecer cotas sorprendentes. Por ejemplo, la altura en la tercera fila es superior a la que ofrece un Talisman en sus plazas traseras. Y la anchura en la segunda fila es dos centímetros mayor que la de un Volkswagen Passat. La segunda fila cuenta con asientos individuales, deslizantes y reclinables, y los cinco asientos traseros se pueden abatir eléctricamente desde unos mandos en el hueco del maletero.

Toma de contacto

Durante los primeros metros llama la atención el refinamiento, con un sorprendente silencio de marcha, mucha suavidad general y un motor tan potente y fino como un V6. Y entre que su empuje -aún con cuatro cilindros- es fantástico, el cambio automático de doble embrague es una delicia y el peso del conjunto se queda en 1.649 kilos -141 menos, por ejemplo, que el Sharan de Volkswagen-, el resultado es una agilidad que se ve multiplicada por ese eje trasero direccional del que tantas veces hemos hablado. Un sistema que ayuda a mejorar la trazada tanto a un Mégane R.S. como a este Espace, que agradece infinitamente que el 4Control le ayude a redondear las curvas como si fuese un GTI. Para rematar, hubiéramos agradecido las levas en el volante y algo más de espacio para objetos cotidianos.

Renault ha hecho historia bastante a menudo en ese segmento tan castigado hoy en día como es el de los modelos monovolumen al uso. Para bien y para mal. Hizo historia con la primera generación del Espace de 1984 y también con su Mégane Scénic de 1995, vehículos que con el tiempo se convirtieron en éxitos notables. No tanto como los Vel Satis o el Avantime, cuya corta vida transcurrió sin pena ni gloria. El Espace actual se aleja de las formas tradicionales y la tecnología habitual. Y este sí que es otra historia.

LA CLAVE

Cuando Renault lanzó en 2015 su nuevo Espace dejó anticuados de un plumazo a todos los vehículos monovolumen que se vendían en ese momento. Y aún hoy, tres años después, no ha habido nadie que se haya atrevido a desafiar la rutina como lo hace la marca francesa. Además, aporta tecnología única.

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