Renault Clio TCe 100 CV Zen. Mégane parece...
PRUEBA

Renault Clio TCe 100 CV Zen. Mégane parece...

... Clio es. Y es que el nuevo utilitario de la firma francesa parece un clon de su hermano mayor, aunque a escala. Bajo esa carrocería todo es nuevo, y eso le convierte en un rival fuerte en este competitivo segmento, donde los motores de gasolina, como su 1.0 TCe, están en auge.

Julián Garnacho

Julián Garnacho Twitter

19 de Marzo 2020 21:00

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Un bagaje de 29 años y de 15 millones de unidades vendidas ha hecho que Renault vaya con pies de plomo a la hora de crear la quinta generación de una institución como es el Clio. No puede, ni debe haber fallos.

Eso se ve a simple vista. Con su imagen. Si algo funciona, ¿por qué cambiarlo? Por eso mantiene rasgos de su hermano mayor; el Mégane, y de su antecesor. Detalles que harían pensar en un mero 'lavado de cara'. Sin embargo, sus entrañas son completamente nuevas, tanto que es el primer utilitario de la alianza Renault-Nissan-Mitsubishi en usar la plataforma CMF-B.

Esa plataforma le procura una distancia entre ejes de 2.583 milímetros, 32 más que un 'best-seller' como es el Volkswagen Polo, que tiene su misma longitud, porque este Clio 'pierde' 12 milímetros respecto a su antecesor.

Como no habrá carrocería de tres puertas, los tiradores traseros siguen ocultos para conseguir un aire más dinámico. Con ellos abres unas puertas con un ángulo de apertura justo, lo que incomoda a la hora de sentar a los pequeños de la casa; más aún si viajan en silla.

Aunque han hecho lo imposible para maximizar el espacio -sólo hay que ver el espesor de sus sensacionales asientos-, detrás no sobra, pues con un conductor de 1,75 metros, quedan 62 centímetros para las piernas de tus acompañantes y el túnel central no está especialmente disimulado.

Renault anuncia 391 litros de maletero -un Mégane tiene 384-, pero se nos antojan demasiados, y su elevado borde de carga -el botón para abrir el maletero va sobre la matrícula- no facilita las cosas a la hora de introducir las maletas más pesadas.

Delante no pasa lo mismo. Te acomodas en cuestión de segundos a un tecnológico interior donde las pantallas inundan un salpicadero lógico, intuitivo, bien pensado y mejor ejecutado, porque sus ajustes son muy buenos, y de mitad para arriba hay plásticos mullidos. Que aprendan sus rivales, que dan más valor al ahorro. Particularmente me hubiera gustado una pantalla central más integrada, sobre todo esta de 9,3'', que está a mano y desde la que controlas todo. O casi, porque los mandos físicos del climatizador, el sistema Multi-Sense -opcional en un pack-, el avisador de cambio de carril y otras muchas cosas, no hacen más que facilitar las cosas en marcha.

A esa pantalla hay que echarle horas para entenderla a fondo, pero te haces con ella, como a su cuadro digital, que incluso tiene tres vistas diferentes acordes a sus modos de conducción: Eco, Sport y My Sense. En este último puedes ajustar la gestión del motor, la dirección, el climatizador, el cuadro digital y la luz ambiental, que tiene ocho tonos diferentes... Y luego te cobran 50 euros por las luces de lectura detrás o 200 por un freno de estacionamiento eléctrico con asistente en pendientes. Esto debería ser de serie en este Zen, 1.205 euros más caro que un Intens y 1.445 más asequible que un R.S. Line a igualdad mecánica.

La mecánica más solicitada

Según Renault este nuevo 1.0 TCe será la mecánica más solicitada y tras probarlo, van a tener razón. Pero que sepas que llegará una versión híbrida E-TECH, que tiene etiqueta ECO.

Nada más ponerlo en marcha nos transmite al habitáculo unas vibraciones algo más notables que en algunos de sus rivales con motores de tres cilindros, pero en cuanto coge temperatura, quedan en el olvido, porque este nuevo motor -se trata de una evolución del 0.9 TCe anterior- es realmente agradable y Renault ha puesto medidas para aislarlo del interior. Suave y progresivo, casa a la perfección con la inmensa mayoría de quien busca un solvente utilitario para el día a día, pues reacciona con prontitud a las ordenes del acelerador y sus prestaciones son más que suficientes.

Es cierto que si frecuentas carreteras de doble sentido o si buscas algo más rápido igual no vendría mal apostar por el TCe 130, el cual supone pagar 2.329 euros más, entre otras cosas porque nos obliga al cambio EDC de doble embrague y 7 velocidades. Pero con este viajarás de cine. Y lo más importante, con un consumo de combustible muy contenido, porque de media hemos obtenido 5,7 l/100 km, no muy lejos de lo homologado. En ciudad no tendrás ninguna queja, pues su Start-Stop es muy rápido y suave a la hora de apagar y encender el motor. Y en carreteras extraurbanas más de lo mismo.

Los viajes por carretera están más que controlados, porque a velocidades legales este Clio se defiende de maravilla, pero a medida que ganamos velocidad, su consumo se va a resentir un poco por la ausencia de una sexta marcha. Algo semejante pasa a la hora de analizar sus recuperaciones, porque su larga quinta, le lastra en exceso, pues el motor sí pone de su parte. Además, nuestra unidad apostaba por unas gomas 205/45 R17 en vez de las 195/55 R16 de serie, más acordes con la potencia de este propulsor.

Ahora bien, son ideales a la hora de negociar curvas y curvas, porque su puesta a punto invita a la diversión. Tanto que sus 100 CV son un aperitivo para la CMF-B, que presume de comportamiento dinámico, ayudado por un peso muy ajustado -Renault asegura que esta plataforma ahorra hasta 50 kilos frente a la anterior-, por una dirección mucho más precisa que antes... Y también directa, con 2,7 vueltas entre topes.

Su equipo de frenos también está a la altura de las expectativas, así como sus excelentes faros Full LED, que son de serie y añaden un plus de seguridad al viajar de noche. A esto también contribuyen sus ayudas a la conducción, porque cuenta con asistente de cambio de carril, sensores de ángulo muerto, frenada de emergencia, reconocimiento de señales de tráfico, llamada en caso de emergencia E-Call... Sin olvidar su completo equipamiento de serie, donde algunos detalles se han decidido dejar como opción.

Pero está claro que este nuevo Clio, disfrazado de 'casi' Mégane no todo lo podía tener, porque sería el terror de sus rivales.

LA CLAVE

El salto experimentado por el quinto Clio sorprende. Tiene un llamativo diseño, tecnología de coche 'grande', su dinámica engancha y gasta lo justo. Para ser perfecto debería ser más amplio atrás o que este 1.0 TCe 100 fuera más fino, además de tener una sexta marcha... Pero de ser así, sus rivales sobrarían.

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