Volkswagen Polo GTI. Un deportivo hecho y derecho
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Volkswagen Polo GTI. Un deportivo hecho y derecho

No es tan rápido como el brutal y carísimo Polo R WRC de la anterior generación... pero casi. El nuevo Polo GTI presume de 200 CV gracias a su 2.0 TSI actualizado, que sin perder ímpetu rebaja drásticamente gasto y emisiones. Un deportivo que apetece usar todos los días y disfrutar de cada instante.

Pedro Martín

Pedro Martín

1 de Enero 2019 21:00

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Más de uno lo verá pasar y no caerá en que este Polo es un tanto especial. Porque la personalización externa es relativamente discreta: al margen de los cuatro logos 'GTI' repartidos por su perímetro hay que fijarse en la parrilla tipo panal, las líneas decorativas rojas, las pinzas de freno en ese mismo color, los tubos de escape gemelos o unos alerones específicos delante y detrás. Y es que la marca alemana, que fabrica esta versión junto al resto de la gama Polo en Navarra, ha sido comedida incluso con la talla de los neumáticos: calza de serie unos 215/45 R17 con los que ya va muy bien, aunque podemos pedir por 440 euros los 215/40 R18. Es decir, que el Polo GTI, pese a sus recién estrenados 200 CV, se conforma con las mismas gomas de serie o en opción que cualquier Ibiza FR, incluso cuando el modelo de Seat monta el diésel 1.6 TDI de 95 CV. Curioso, acertado y otro ejemplo más de que con la rueda 'justa' también se logra eficacia.

Hacemos tanta mención al coche de Seat porque Ibiza y Polo comparten la moderna plataforma MQB A0, de la que derivan muchas virtudes de ambos modelos. Una, que ahora no viene al caso, es poder ofrecer versiones de gas natural dotadas de depósitos con GNC bajo el maletero. Y las otras ventajas tienen que ver con la mayor ligereza y rigidez del conjunto, con la disponibilidad de modernas tecnologías de seguridad y ayuda a la conducción -el Polo GTI monta de serie control de crucero activo ACC, detector de fatiga y Front Assist con detección de peatones y frenada de emergencia- o con un aplomo y un tacto de 'coche grande' que hasta ahora no habíamos percibido en ningún utilitario. Cualquier Polo pisa bien la carretera, pero el agrado sube un peldaño en el GTI gracias a una suspensión más firme que minimiza el balanceo sin llegar a incomodar al pasaje -seguro que con los 215/40 R18 opcionales las reacciones serán más secas sobre mal asfalto-, y al sistema Sport Select, que permite elegir entre el tarado de amortiguadores Normal y Sport. Y no mediante un botón específico, sino a través del selector de perfiles de conducción, que tiene tres modos predeterminados -Eco, Normal y Sport-, más uno llamado Individual para personalizar chasis y mecánica a voluntad: tacto de dirección, actuación del ACC o de la climatización, respuesta del conjunto motor/cambio, sonido del motor y amortiguación.

Cambio DSG

Y por si eso fuera poco, el cambio DSG de seis marchas tiene, lógicamente, los dos programas habituales -D y S-, más el modo de manejo manual con levas junto al volante. La cosa pinta bien, pues todo eso se asocia a un nuevo motor: si el anterior Polo GTI usaba un 1.8 TSI de 192 CV -con 32,7 mkg de par si tenía cambio manual de seis marchas y sólo 25,5 mkg cuando se unía a la caja DSG7-, ahora se apuesta por un 2.0 TSI que empuja más y mejor. Más, porque son 200 CV y 32,7 mkg -con la caja DSG6-; mejor, porque la potencia máxima está ahí entre 4.400 y 6.000 rpm; y el par máximo es constante de 1.500 a 4.400 rpm.

Como no podía ser de otra manera, el rendimiento en carretera sobrecoge, pues anuncia 237 km/h de velocidad punta y homologa una aceleración de 0 a 100 km/h en 6,7 segundos que hemos clavado en nuestras pistas -6,733 segundos exactamente- con ayuda del eficaz Launch Control. Como curiosidad, al salvaje Polo R WRC de 220 CV le medimos en su día 6,493 segundos, y 6,828 al anterior Polo GTI con motor 1.8 TSI y caja manual.

Semejante empuje permite solventar con seguridad cualquier adelantamiento, pues le bastan 4,3 segundos para recuperar de 80 a 120 km/h, mientras que en conducción deportiva el disfrute está garantizado. Y eso que los neumáticos Michelin Primacy no parecían, a priori, la mejor elección para un GTI; pero debemos reconocer que su rendimiento es bueno, e incluso buscando los límites hay mucho agarre y reacciones progresivas. De eso da fe la buena arrancada desde parado antes citada, o unas frenadas que sin ser de matrícula sí son de notable alto -52,7 metros para detenernos desde 120 km/h- y no se alargan de modo apreciable tras los tratos intensos.

Además, la dirección es precisa y suficientemente rápida -2,7 vueltas de volante-, y nos beneficiamos de un puesto de conducción cómodo y deportivo, pues los asientos sujetan bien y todo queda a mano. En este sentido, agrada mucho el interior del nuevo Polo por su calidad, con un ajuste irreprochable y materiales sólidos, y un aspecto realzado en la versión GTI por la instrumentación digital configurable, que da continuidad visual a la pantalla central de 8 pulgadas.

El precio no es bajo -24.495 euros, descuentos incluidos-; y en cuanto al consumo, no considerábamos los 2.0 TSI de Volkswagen entre los motores más ahorradores, pero hasta eso parece que ha cambiado, pues hemos medido a nuestro protagonista 7,1 l/100 km de media real; poco considerando sus 200 CV y los 5,9 litros homologados. Aunque con un depósito de sólo 40 litros frecuentarás las gasolineras.

La clave

Aunque las ventas de los pequeños deportivos vivieron tiempos mejores, las marcas siguen coronando sus gamas con versiones de altas prestaciones. Y en el caso de Volkswagen, inventora del 'GTI' hace cuatro décadas, es casi obligado. Caja DSG, suspensión Sport Select, 200 CV, cuadro digital configurable... ¡Guau!

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