Peugeot 508 GT Puretech 225 CV EAT8. Serio, pero divertido
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Peugeot 508 GT Puretech 225 CV EAT8. Serio, pero divertido

Como el nuevo 508 apuesta por la deportividad tanto en su diseño como en la definición del chasis o en su planteamiento mecánico, hemos querido empezar por su versión más prestacional, con acabado GT, motor de 225 caballos y suspensión pilotada: tecnología por doquier, mayor funcionalidad, calidad para enfrentarse a las marcas premium.... Y dinamismo para dar y tomar.

Pedro Martín

Pedro Martín

3 de Febrero 2019 21:00

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Dicen que el que no arriesga no gana, y seguramente en eso pensaban los responsables de Peugeot cuando decidieron dar otro aire al 508, toda vez que las clásicas berlinas de tipo sedán siguen perdiendo adeptos. Así, crearon una generación nueva que conservaba el nombre pero cambiaba de tercio, pues si el anterior rivalizaba con modelos como el Audi A4 o el Volkswagen Passat, el ahora lanzado debería luchar con productos de enfoque dinámico como el Audi A5 Sportback o el VW Arteon. Y es que el nuevo 508 no es un sedán al uso, sino una berlina de perfil coupé que apuesta por soluciones tan elegantes como las ventanillas sin marcos -incluso el nuevo 508 SW prescinde de ellos-, y que remata su zaga con un portón para ganar funcionalidad. De paso recorta su longitud 8 centímetros y es 6 más bajo, pierde 70 kilos -en parte porque adopta la ligera plataforma EMP2 de 308, 3008 y 5008-, presume de una gran aerodinámica -Cx de 0,26-, combina todos sus motores con la eficiente caja EAT8... En fin, un cambio radical.

Y apreciamos esa evolución nada más sentarnos, porque nos acomodamos más cerca del suelo y en un puesto de conducción de tipo i-Cockpit, es decir, con volante pequeño e instrumentación -digital y configurable- sobreelevada. A diferencia de otros coches de la firma gala con i-Cockpit, aquí la pantalla táctil va más alejada -como las toberas de aireación-, pero recibe un teclado tipo 'piano' para acceder rápidamente a funciones clave. La idea es buena, pero los botones en horizontal no son prácticos. Como tampoco nos lo parece la elevada consola central -seña de identidad en los últimos Peugeot que no a todos gusta-, con un hueco por debajo -ahí va el cargador inalámbrico opcional del smartphone- que queda oculto. Y completamente escondida también, pero tras el volante, va la palanca del control de crucero. O sea, que al reparto de mandos por el salpicadero le ponemos alguna pega, por más que el diseño general nos parezca original.

Y práctico, ya que los numerosos huecos portaobjetos suman 32 litros de capacidad, destacando el amplio cofre central entre las banquetas delanteras. También la calidad percibida es de nota, brillando especialmente los materiales elegidos, que en el acabado GT incluyen madera de zebrano, tapicería de piel y Alcántara... Nuestra unidad de prueba montaba todas las opciones disponibles, pero el equipo de serie del 508 GT es tan completo que podemos centrarnos en dos o tres extras para no disparar la factura, como los asientos de ajuste eléctrico, el portón trasero automatizado o el techo solar, que suman poco más de 3.000 euros. Precisamente la cifra que ahora descuenta Peugeot al comprar un 508, pues nuestro protagonista baja de los 44.300 euros oficiales a los 41.300 'reales'.

Nos han gustado mucho también los asientos por confort y sujeción, y desde nuestro puesto sólo criticaríamos que no haya limpialuneta trasero, aunque tenemos cámara de visón trasera y sensores de proximidad delante y detrás, y podemos pedir cámara perimétrica. También es rica la dotación en cuestión de asistentes, y lo que no viene de serie es opcional, incluidos elementos punteros como la visión nocturna o el muy eficaz Lane Position Assist (LPA), que mantiene centrado el vehículo en el carril elegido.

Delante se va bien, pero el recorte de tamaño -también la distancia entre ejes ha perdido 24 milímetros- y la línea coupé del techo pasan factura en la segunda fila, donde la amplitud es justa: menos anchura al nivel de las caderas que antes, altura al techo de 87,5 centímetros -los que midan más de 1,85 se quejarán-, hueco para las rodillas más pequeño que en sus rivales directos -69,5 centímetros con un conductor de 1,75 al volante-, poco espacio para los pies bajo las banquetas... Y los pasajeros traseros no gozan de buena visibilidad lateral, de modo que éste es claramente el punto débil del 508. ¿Habría sido mucho problema conservar la longitud y la batalla?

Si nos vamos aún más atrás, la cosa 'remonta', pues el maletero, de 487 litros, es amplio, regular y accesible, puede ampliarse fácilmente y aloja debajo una rueda de repuesto.

Diversión al volante

Esa mejora en versatilidad se acompaña de la ya comentada apuesta por el dinamismo, en la que el tamaño más compacto -4,75 metros- pone su grano de arena en forma de ligereza y de reacciones más ágiles en el día a día. Porque la casa francesa quería una berlina que nos alejara del aburrimiento y permitiera disfrutar; y entendemos que el objetivo se ha logrado, pues durante el test nos hemos divertido al volante; lo que no es tan frecuente en este segmento.

Para empezar, el pequeño motor PureTech de gasolina de 1,6 litros rinde como una mecánica de mayor talla -225 CV a sólo 5.500 vueltas y 30,6 mkg de par máximo a 1.900 rpm-, y encuentra un aliado idóneo en la transmisión automática EAT8, bastante rápida y muy suave al engranar sus ocho marchas, operación que también podemos ordenar manualmente mediante las levas. El coche empuja de cine al acelerar o recuperar velocidad, y lo hace emitiendo un sonido, a modo de ronroneo, que nos recuerda más a un 308 GTI que a un taxi o un VTC. Lo que no implica excesiva sonoridad a velocidades sostenidas, pues el confort en autovía es considerable.

Y las prestaciones medidas nos dan la razón, con menos de 5 segundos en el paso de 80 a 120 km/h y aceleraciones fulgurantes muy próximas a las anunciadas. Además, la ajustada cilindrada, la ligereza del conjunto y ese Cx de 0,26 se dan la mano para que el gasto a velocidades legales sea muy bajo, y movernos entre 6 y 6,5 litros en autovías llanas será posible al viajar con poca carga. Aunque el consumo se muestra sensible a los diferentes tipos de uso, disparándose por encima de los 11 si pisamos el acelerador con ganas, algo que sí apetece en el nuevo 508; y sobre todo en las versiones GT, dotadas de calzado 'gordo' y amortiguación activa. El coche pasa por las curvas como un tren por raíles, y cuesta descomponer su trayectoria aunque forcemos la dirección -le sobra media vuelta de volante- o deceleremos en pleno apoyo. Además, los frenos rinden bien y podemos elegir entre cinco programas de conducción: Normal -el que se activa por defecto-, Confort, Eco -permite circular 'a vela' para ahorrar-, Manual y Sport, siendo éste el que más cuadra con la apasionada personalidad de esta versión.

LA CLAVE

El nuevo 508 demuestra que una berlina puede seguir siendo elegante y lujosa aunque elevemos su dosis de dinamismo, de disfrute al volante y de funcionalidad. Me gusta que ahora tenga portón, o que su pequeño motor rinda tanta potencia y gaste poco a ritmo 'legal'. Pero si fuera algo más largo, la segunda fila sería mejor.

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