Peugeot 508 BlueHDi 130 CV EAT8 Allure. Eficiente y dinámico a partes iguales
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Peugeot 508 BlueHDi 130 CV EAT8 Allure. Eficiente y dinámico a partes iguales

Combinar el motor diésel de acceso a la gama de 130 CV, asociado en nuestro protagonista a una caja automática de ocho relaciones, con el dinámico bastidor del nuevo 508 convierte a esta versión en una máquina de hacer kilómetros por su eficiencia y por su agradable tacto al volante.

Gregorio Arroyo

Gregorio Arroyo

24 de Noviembre 2019 21:00

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No hace mucho, las berlinas del segmento D sacaban pecho y campaban a sus anchas por ciudades y carreteras. Se las prometían felices, pero los tiempos cambian y, tras los monovolumen, llegaron los SUV para dejar todo casi como un solar. Ahora su presencia es casi testimonial, y el uso de las berlinas parece más enfocado a coche de empresa que al disfrute de un particular.

Y es una pena, porque para llamar la atención hay modelos como el nuevo Peugeot 508 que han apostado por un formato deportivo muy atractivo. Nuestro protagonista es agradable visualmente, dinámico gracias a un chasis de garantías, avanzado tecnológicamente y eficiente; más aún si monta el motor de acceso en diésel que nos ocupa.

Y es que hablamos de un gran rodador capaz de firmar un atractivo gasto medio de 5,0 litros durante la prueba, lo que se traduce, en una conducción eficiente, en una autonomía superior a los 1.000 kilómetros. Para ello recurre al propulsor 1.5 BlueHDi, apoyado por un sistema con AdBlue para resultar más limpio y asociado a una transmisión automática con convertidor de par y ocho relaciones.

Esta última nos hace la vida más confortable y plácida en el día a día, sin duda, y si nos apetece 'jugar' cuenta con un programa manual para que nos sintamos protagonisas actuando sobre las levas, grandes pero no solidarias con el giro del volante. Cuestión de gustos...

Este propulsor no es precisamente silencioso, sobre todo en frío, y quizás sea uno de los pocos reproches que se le pueden hacer. Aunque, al respecto, tendrá también su parte de responsabilidad la insonorización del habitáculo.

Y es que su rendimiento, sin ser excepcional, sí resulta solvente para un vehículo que, con lo puesto, se sitúa en los 1.500 kilos. Lanzado supera con desahogo los 200 km/h y en un adelantamiento 'tipo', pasar de 70 a 110 km/h se traduce en 6,9 segundos, maniobra que completaremos tras recorrer 176 metros; unos números que, sin poner los pelos de punta, convencen.

En cualquier caso, el cambio EAT8 convierte cualquier atisbo de recuperación en una intensa aceleración cuando hundimos el pie derecho en el pedal. Si buscamos prestaciones habrá que apostar por el modo manual y el programa Sport en el asistente de modos de conducción. Con él activado, el propulsor subirá hasta casi las 4.500 rpm, momento en el que saltará de marcha para proteger la mecánica. En cualquier caso, no hará falta apurar tanto, porque su abanico óptimo de rendimiento se sitúa entre las 1.800 y las 4.000 vueltas, y así evitamos que 'sufra' y gaste más.

En el lado opuesto, el modo ECO reduce el consumo al optimizar los ajustes del acelerador y del cambio, que se tornan más suaves y eficientes.

Sea uno u otro, además de un tercer programa más equilibrado que sitúa su mapa de actuación entre ambos, lo que está claro es que el propulsor de 130 CV lo tiene complicado para poner en apuros un excelente chasis, muy dinámico y asentado sobre un eje delantero McPherson y un tren trasero con esquema multibrazo.

La verdad es que, sin resentirse el confort general que brinda, el 508 es uno de los modelos más ágiles y deportivos que podemos encontrar. La dirección no abruma precisamente por resultar superdirecta -3,0 vueltas de volante entre topes-, pero sí es comunicativa y no hay 'lagunas' en su mapa de actuación.

La calidad de bacheo es elevada, no es fácil que protagonice balanceos de la carrocería y nos han gustado tanto las distancias de frenado registradas -36,7 metros para parar desde 100 km/h- como sus formas al detenernos con fuerza, sin perder la postura y de una manera muy 'civilizada'. Eso sí, cuando el asfalto no es perfecto, el ruido de rodadura se hace evidente.

Vayamos con lo que en Peugeot llaman i-Cockpit

Se trata de un puesto de conducción 'particular', con un volante pequeño, achatado por arriba y por abajo, y ubicado en un plano muy bajo, para poder consultar el cuadro de mandos por encima y desviar lo mínimo la vista de la calzada. Personalmente me gusta y estoy cómodo con esa configuración, pero no todo el mundo comparte esa apreciación, por lo que conviene probarla antes. El conjunto, además, se remata con calidad y la pantalla táctil del salpicadero, de 10 pulgadas, se gestiona también con una serie de teclas tipo piano. Si estuviera un poco más elevada no pasaría nada, por cierto.

El diseño pasa factura en las plazas traseras por la pronunciada caída del techo. El acceso se complica algo y el espacio sobre la cabeza es justo si medimos más de 1,75. Las puertas sin marco, eso sí, imprimen carácter deportivo.

Otro punto fuerte de nuestro protagonista, con nivel Allure -ahora sale por 32.150 euros-, es su dotación de serie, con elementos como el Pack Safety Plus, que incluye frenada de urgencia automática, alerta y mantenimiento de carril, control de ángulos muertos, luces de carretera inteligentes, reconocimiento de señales o una alerta de fatiga del conductor.

LA CLAVE

Desde la primera vez que lo vi, el nuevo Peugeot 508, ya con cinco puertas, me cautivó por su diseño deportivo en el ámbito de las berlinas de tamaño medio. Luego me sedujo por su comportamiento ágil y divertido, y ahora esta versión de acceso en diésel me ha convencido por su agradable tacto general y por unos consumos reales muy atractivos.

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