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Mitsubishi L200 220 DI-D Motion. Cuanto peor… mejor

Es curioso, pero en las últimas semanas el interés por los vehículos 4×4 se ha disparado. La intensa nevada caída en gran parte del país como consecuencia de la ya célebre borrasca 'Filomena' ha sido la responsable. Las imágenes en televisión de los vehículos todoterreno -en ocasiones de conductores voluntarios-abriéndose camino por las intransitables calles de muchos pueblos y ciudades despertó el interés por los olvidados 'TT' o '4×4', y por los neumáticos de invierno.

Y en el mundo del 'off road' puro y duro pocos vehículos pueden igualar las capacidades del Mitsubishi L200, un pick-up que con los años se ha ido refinando para convertirse en una gran baza multiusos, con enfoque familiar y de ocio, además del profesional.

En este sentido, la carrocería Doble Cabina ofrece cinco plazas y estira su longitud hasta los 5,31 metros. No hay concesiones en su naturaleza, heredando el robusto chasis de largueros y travesaños, la solución más eficaz si toca hacer labores de 'tractor' fuera del asfalto.

Sí se ha suavizado ligeramente el confort, al mejorar la rigidez torsional y montar unos muelles más firmes y unos amortiguadores más grandes en el eje delantero. Además, en la zaga incorpora una sexta lámina en cada ballesta para dulcificar las reacciones del eje rígido. Lo consigue a medias.

Subimos, o trepamos, al interior. Los más bajitos utilizarán las estriberas laterales como escalón. Es el peaje a pagar por disfrutar de una altura libre al suelo de 21 centímetros.

El habitáculo ha ido ganando puntos con los años

No hay materiales acolchados y se prioriza el sentido práctico. No contempla exquisiteces como un cuadro de mandos digital completo, pero comparte con otros modelos de la marca la pantalla táctil del salpicadero. Quizás no tenga una resolución de última generación, pero cumple con todo lo esperado.

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Delante es confortable y detrás, amplio. La única pega es que la banqueta trasera queda algo cerca del piso y la consola central posterior resulta algo intrusiva para las piernas en la plaza central. Pero el respaldo no queda en una posición demasiado vertical; y si se abate, queda espacio para el gato, los triángulos de emergencia y poco más.

Otra cosa es el área de carga, la popular 'bañera'. Mide 152 centímetros de largo por 147 de ancho y 48 de alto, tiene un tratamiento especial para evitar arañazos y admite cargas de hasta 1.075 kilos.

Nos ponemos en marcha

En su última actualización, el L200 estrenó un motor diésel 2.2 DI-D de 150 CV que se apoya en el aditivo AdBlue para cumplir con la normativa en materia de emisiones. La transmisión es automática con convertidor de par de seis relaciones; y se puede cambiar de manera secuencial en la palanca o con las levas del volante.

Sus prestaciones no son de vértigo, pero resultan suficientes como para afrontar largos recorridos sin problemas. Quizás lo menos atractivo sea la rumorosidad cuando se pisa con fuerza el acelerador, aunque a velocidad de crucero los decibelios no son mucho más escandalosos que los de un gran SUV.

El sofisticado sistema de tracción Super Select 4WD-II permite circular con propulsión trasera, tracción total con gestión inteligente entre ambos ejes, tracción total con bloqueo del diferencial central y, lo mismo, pero accionando la caja reductora. Además, contempla una función que permite elegir entre cuatro programas de conducción: Grava, Arena, Barro/Nieve y Rocas. Se accede a ellos pulsando un mando situado al lado del selector 4×4. Y junto a ese mando, otro que activa un sistema de control de descensos.

Ya hemos comentado que se pueden realizar largos desplazamientos sin grandes restricciones en confort, mejor en tramos rectilíneos que en curvas, donde una dirección de camión -3,7 vueltas de volante- y las inercias provocadas por sus 2.110 kilos en orden de marcha no invitan a forzar demasiado. Si el piso no es muy regular el tren trasero tiende a protagonizar algún rebote, más fuerte cuanto menos peso llevemos en la zona trasera de carga, y los frenos no baten récords.

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En ciudad, su longitud y corpulencia no invitan precisamente a aventurarse por calles estrechas o angostos garajes. Eso sí, el L200 contempla ahora una cámara trasera para evitar 'problemas' marcha atrás.

Sin embargo, donde lo da todo es en el aspecto 'off road'. Notable por pistas de tierra y sobresaliente en retos de mayor calado, donde pocos obstáculos se le resisten. Supera vadeos de hasta 70 centímetros de profundidad y presenta unos ángulos de ataque (30º), salida (22º) y ventral (24º) más que generosos. Además, los neumáticos mixtos 265/60 R18 M+S que equipa ayudan de cara a la motricidad.

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En conjunto superó todos los obstáculos de nuestro circuito de pruebas como si nada, lo más parecido a un tractor y algo que se agradece en tiempos donde los vehículos todoterreno puros están arrinconados por los SUV.

El consumo medio durante la prueba ha sido de 9,6 litros, una cifra digamos que asumible para un modelo de estas características y corpulencia.

En su dotación, con el acabado Motion que nos ocupa, disfrutamos de elementos como un sistema de mitigación de colisión frontal con frenada de emergencia, alerta de cambio de carril, control de velocidad de crucero, asistente de arranque en rampa, climatizador automático, conectividad compatible con Apple CarPlay y Android Auto…

LA CLAVE

Sin el Montero en la gama desde hace ya tiempo, el L200 abandera el espíritu todoterreno en Mitsubishi. Y cumple con creces porque en materia 'off road' se muestra imparable. Sobre asfalto, el conjunto motor-cambio es agradable para afrontar largos desplazamientos…siempre que no aparezcan muchas curvas.