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Mercedes-AMG GT Roadster. Fast and Furious

Las siglas AMG surgen cuando, hace medio siglo, los ingenieros Hans Werner Aufrecht (A), nacido en Großaspach (G), y Eberhard Melcher (M) montan una empresa de ingeniería y mecánica de competición en un viejo molino de la localidad alemana de Burgstall. La empresa comienza llamándose 'Aufrecht Melcher Großaspach Ingenieurbüro, Konstruktion und Versuch zur Entwicklung von Rennmotoren'; sin embargo, muy pronto fueron las siglas AMG las que comenzarían a hacer historia. De hecho, los Mercedes preparados por AMG ya ganaban carreras en 1971, solo cuatro años después de su nacimiento, aunque nada hacía presagiar que AMG se convetiría en lo que es ahora, una filial de Mercedes-Benz con 1.200 empleados, clave en la trayectoria deportiva de la marca alemana y responsable de los modelos sport más carismáticos del fabricante teutón

No tengo el gusto de conocer a Dieter Morgel pero, como es tradicional en AMG, una placa en el motor de nuestra unidad del GT Roadster lleva su nombre y eso quiere decir que él ha montado pieza a pieza el imponente propulsor que consigue catapultar a este especial roadster, con toda la responsabilidad que eso implica. Son 8 cilindros en V, cuatro litros de cilindrada y 476 caballos de potencia asociados a un cambio automático de doble embrague y 7 marchas, el eficaz Speedshift DCT que tanto nos ha gustado en otros modelos. Y aunque el conjunto se acerca a los 1.700 kilogramos con tan solo 4,54 metros de longitud, el empuje que apreciamos al hundir el pie derecho en el acelerador nos pega al respaldo y pone en alerta todos nuestros sentidos más el de reserva.

El doble turbo trabaja en equipo de forma más que eficaz y cualquier maniobra, ya sea de adelantamiento a un camión, una subida pronunciada o de esquiva, se convierte en un visto y no visto que deja estupefacto no solo al conductor sino también a los vecinos de carril, que cuando quieren darse cuenta le han perdido de vista sin ni siquiera darles tiempo a identificar el modelo.El día que medimos las prestaciones en el INTA, nuestro probador del Centro Técnico llega a la redacción con un dato que, no por ser habitual en este tipo de deportivos de más de 450 caballos, deja de llamar la atención. Y es que en la aceleración de los 1.000 metros con salida desde parado, el AMG GT Roadster llegaba al kilómetro a nada menos que 247 km/h, una muestra del poder de este V8 Biturbo. ¡¡¡Y cómo suena!!!… sobre todo si cuenta con el equipo de escape AMG Performance, que cuesta 2.715 euros. Es un sonido grave, un gruñido imponente que enseguida delata que bajo el capó ruge un motor V8 con una 'música' muy diferente al sonido más agudo y chillón de Ferrari o Jaguar, cuyos decibelios, ojo, también estremecen.

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La versión Roadster del AMG GT lleva refuerzos, para compensar la ausencia de techo, que suman 55 kilos. Son piezas más gruesas de acero y aluminio situadas estratégicamente en el eje posterior, salpicadero y el panel tras los asientos, donde van firmemente fijados los arcos de seguridad. Sin embargo, ese sobrepeso no afecta para nada a las prestaciones, ya que la versión Roadster emplea 4 segundos en acelerar de 0 a 100 km/h, exactamente el mismo tiempo que la versión Coupé.

El consumo habitual que lograremos en una utilización cotidiana del coche será de unos 13 l/100 km, siempre y cuando no nos envenenemos magnetizados por el sonido y la aceleración, momento en el que será fácil ver en el ordenador un gasto cercano a los 25 litros de media, con sólo 300 kilómetros de autonomía.

Tampoco se notan esos 55 kilogramos extra en el comportamiento en curva, ya que los refuerzos no se concentran en una zona concreta y están bien repartidos, sobre todo desde el centro del coche hacia atrás, que es la zona más descargada, lo que beneficia el reparto de pesos sin cargar las tintas sobre el tren delantero. El paso por curva de este 'aparato' es brutal porque vira plano y, sin desconectar ni una ayuda, va por su sitio en todo momento sin que el ESP entorpezca y corte el 'rollo' al conductor. Bien es cierto que nuestra unidad iba equipada con unos generosos 'zapatos' de medida 265/35 ZR19 delante y 295/30 ZR20 detrás, con unas llantas forjadas AMG de 48,3 y 50,8 centímetros. Y que al no contar con el tren de rodaje AMG Ride Control de amortiguación regulable -2.260 euros- los ingenieros han tenido que endurecer algo más muelles y amortiguadores. Esto se agradece en un tipo de conducción deportiva por cuestiones obvias; sin embargo, ese sistema opcional se echa de menos cuando uno decide -aunque cuesta lo suyo- ir de paseo a ritmo turístico y no se puede seleccionar un reglaje algo más cómodo.

Escaso espacio interior

Como comentábamos al principio, el AMG GT Roadster es más pequeño de lo que insinúa su alargado capó y el espacio interior resulta algo justo para los conductores más altos, que enseguida encuentran el tope cuando pretenden desplazar el asiento hacia atrás. Además, dada la exagerada anchura del mueble central, no es difícil rozar con el codo la ruleta del AMG Drive Unit, que modifica numerosos parámetros.

El mejor techo de lona que hemos analizado está realizado en acero, aluminio y magnesio. La estructura tiene tres capas y cuenta con una placa insonorizante. Tarda solo 11 segundos en retirarse o cubrir el habitáculo, y la operación se puede realizar hasta 50 km/h. En marcha, a 120 km/h y con la capota cerrada, el sonómetro ha medido sólo 1 dB más que en el Coupé, señal inequívoca de la calidad lograda. Y el maletero solo pierde 10 litros respecto al Coupé, aunque esos 165 litros se queden manifiestamente escasos.

Después de soltar 159.000 euros, se hace un poco cuesta arriba pagar aparte una cámara de marcha atrás o algunos sistemas de seguridad. Y también a base de talonario, ir descapotado, incluso en un día de invierno, es posible gracias al paravientos (441 euros) o al sistema Airscarf (970 euros) de salidas de aire caliente en los reposacabezas.

Pero la primera aceleración y el sonido que la acompaña borra cualquier mueca de duda o enfado.

LA CLAVE

Por su sonido, por su imponente aspecto, por su empuje bestial o por su eficaz paso por curva, el AMG GT Roadster te deja un recuerdo imborrable en la memoria y un latido acelerado en el corazón. No te tiene que importar ser centro de todas las miradas, ni las turbulencias generadas a velocidades inconfesables. Tampoco el consumo o el espacio. El objetivo es disfrutar al volante. Y vaya si se consigue.