Mazda3 2.0 Skyactiv-G. Nadar a contracorriente
CON 120 caballos

Mazda3 2.0 Skyactiv-G. Nadar a contracorriente

Mazda sorprende con un propulsor a la antigua usanza que conquista por su refinamiento y eficacia. La gasolina también existe y le sienta como un guante al Mazda3, un modelo que apetece conducir porque combina como pocos agilidad, confort de marcha y un tacto general exquisito.

Gregorio Arroyo

Gregorio Arroyo

31 de Marzo 2014 18:07

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Los tiempos están cambiando, al menos en cuanto a la preferencia de los motores se refiere. La gasolina gana cuota día a día, avalada por unas versiones que siguen siendo algo más baratas en el precio de salida que los diésel, pero también porque en los últimos años su eficacia y economía han ganado mucho terreno.

Volkswagen con sus mecánicas TSI y posteriormente Ford con sus EcoBoost son dos abanderados en este sentido. Mazda es más tradicional en todos los sentidos, pero le va bien porque atraviesa un buen momento. La buena acogida del CX-5 y la solidez de una berlina como el 6 tienen su punto álgido con la llegada del nuevo Mazda3, su modelo más vendido.

Lejos del 'downsizing'

Bajo el sello SKYACTIV el fabricante japonés ha sabido hacerse un hueco con una serie de tecnologías innovadoras, pero que se alejan de políticas como el 'downsizing'. Muy al contrario, nuestro protagonista apuesta por motores de generosa cilindrada, pero máxima eficiencia a la vez.

Y si no, basta con mirar el propulsor de nuestra versión, un dos litros atmosférico de gasolina a la antigua usanza, pero dotado de inyección directa, distribución variabley una relación de compresión tan elevada (14 a 1) que presume de ser récord del mundo en un vehículo de serie.

Contrasta, por ejemplo, con el tricilíndrico 1.0 EcoBoost de Ford, pero es sólo eso, cuestión de contrastes. El dos litros japonés eroga 120 caballos de potencia y convence en todos los sentidos. Confieso que al principio era un poco escéptico, pero bastaron unos cuantos minutos para convencerme.

Un motor brillante

Al arrancar y al ralentí el propulsor parece estar muerto porque apenas se percibe en el interior. Ya en marcha vibra muy poco y muestra un refinamiento digno de elogio. El sistema 'Start/Stop' alivia su sed y se muestra más 'delicado' en el arranque que la media de sus competidores, aunque no llega a la 'exquisitez' del que encontramos en modelos del Grupo PSA.

Su abanico de actuación es tremendamente amplio, porque desde apenas 1.500 vueltas comienza a empujar con fuerza y lo podemos estirar hasta casi las 6.000 sin desfallecer. Sin embargo, en la práctica no hace falta forzar tanto.

Hablamos de un motor brillante que ofrece un rendimiento más que digno y unas prestaciones notables en aceleración y suficientes en cuanto a recuperaciones se refiere. ¿El motivo de esto último? Unos desarrollos finales del cambio que rozan el infinito...

5,0 l/100 km en carretera

Efectivamente la caja de cambio manual de seis relaciones apuesta por unos saltos entre marchas abismales, tanto que si forzamos la situación, en cuarta prácticamente acariciamos la velocidad máxima.

Esto provoca que con la sexta insertada las recuperaciones sean modestas y que si necesitamos realizar un adelantamiento (ahí se nota la ausencia del turbo) tengamos que acudir al cambio y reducir para recobrar 'energía'. Y les aseguro que no importa nada. Al contrario, porque el tacto de la palanca del cambio es realmente reconfortante por su precisión y escaso recorrido.

Alguno se preguntará si tanto desarrollo puede provocar alguna situación de conflicto en carretera, con el límite a 90 km/h. Es cierto que a esa velocidad el régimen del motor se establece en unas cómodas 1.850 rpm, muy lejos de las 4.000 donde ofrece el valor óptimo de par máximo, pero a cambio obtenemos una menor sonoridad y unos consumos más atractivos.

En este sentido, en carretera y a ritmo de crucero rondaremos los 5,0 litros, y en autopista apenas llegaremos a los 7,0, unas cifras muy llamativas, sin duda.

Nuevo chasis

Dinámicamente, el Mazda3 es un vehículo muy neutro en todos los sentidos. Nace desde un nuevo chasis que comparte muchos de sus elementos con los mencionados CX-5 y 6, aunque ajustado para la ocasión. El resultado es espectacular porque siempre encontramos sensación de estabilidad, a la vez que confort, gracias a su generosa distancia entre ejes.

Y, sin embargo, en curva este modelo también se comporta de maravilla, haciendo gala de una agilidad que le sitúa en el grupo de cabeza de su segmento. Lo mejor es que el morro siempre obedece y entra por donde se le indica, mientras que el tren trasero (Multibrazo) es más juguetón y permite alguna licencia de más que se termina en cuanto la electrónica se pone 'seria'.

Si analizamos las distancias de frenado registradas, comentar que se han situado ligeramente por encima de la media del segmento, necesitando casi 55 metros para detenerse por completo desde los 120 km/h.

Más largo que sus rivales

Una vez analizados el propulsor y sus 'maneras' en movimiento, pasemos a valorar el vehículo en sí. El Mazda3 mide 4,47 metros de longitud, es decir, se sitúa muy por encima de la media de sus rivales en cuanto a tamaño se refiere.

Su diseño es tan personal que lo diferencia del resto. En el interior no encontraremos exquisiteces, pero tampoco lagunas. Los acabados son más que correctos y la presentación está cuidada. El cuadro de mandos es sencillo y de fácil lectura, en el salpicadero destaca una pantalla tipo 'tablet' tan de moda ahora y en la consola central encontramos un mando giratorio con 'botones' satélite para gestionar buena parte de la información.

Las butacas delanteras son una delicia por su confort y buena sujeción lateral, y detrás la habitabilidad es buena en líneas generales, aunque si analizamos su generoso tamaño exterior no encontramos una relación directa en el espacio disponible para las piernas, muy similar al de rivales de talla inferior.

Climatizador bizona y control de crucero

El maletero, por su parte, cubica 364 litros, una cifra también inferior a la de 'enemigos' del corte de un VW Golf o un Seat León, y muy parecida a la de un Ford Focus, por situarlo.

Por último, nos queda por examinar su equipamiento. Nuestra unidad presume del acabado Style, que no es tan completo como el nivel Luxury, pero resulta más que suficiente en su dotación de serie. De esta manera disfrutaremos de elementos como el climatizador bizonal, un control de velocidad de crucero, Bluetooth, volante multifunción y, como la palanca del cambio, rematado en cuero, un asistente de arranque en rampa, radio CD, faros antiniebla, ordenador de viaje, pantalla de TFT de 7 pulgadas, botón de arranque, cuatro elevalunas eléctricos...

Destacar también la inclusión de un sistema de frenada de emergencia en ciudad, activo hasta los 30 km/h, y que por medio de un sensor de infrarrojos detecta vehículos u obstáculos por delante frenando por sí mismo y evitando gran parte de las colisiones que se producen en las urbes por distracción.

En resumen, guapo, listo, ágil y un tanto diferente.

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