Ford Edge 2.0 TDCI 4x4 Titanium. Hermano mayor
180 caballos

Ford Edge 2.0 TDCI 4x4 Titanium. Hermano mayor

No es nuevo, pero sí es la primera vez que llega a Europa. Ford desembarca con el Edge en el segmento de los grandes SUV y lo hace con criterio, con un vehículo amplio, muy bien rematado, confortable, más dinámico de lo que podría parecer y avanzado tecnológicamente. Lo hemos probado con el motor diésel de acceso, que se asocia exclusivamente a un cambio manual.

Gregorio Arroyo

Gregorio Arroyo

8 de Octubre 2017 20:15

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No muchas marcas pueden presumir de una oferta SUV tan completa como la que tiene Ford. Al EcoSport y al Kuga se une ahora el Edge, un vehículo que por sus características se convierte en el nuevo modelo de referencia de la firma del óvalo en este segmento. El nuevo Edge se fabrica en Canadá, se comercializa desde hace dos años en el mercado norteamericano y ahora desembarca en Europa con tres argumentos de peso: su confort y calidad -con enfoque casi Premium-, una destacable dinámica y una tecnología también a tener en cuenta.

Estilo americano

Sus formas exteriores son muy americanas, con una puesta en escena muy poderosa y una imagen robusta y elegante a la vez. Sin embargo, si 'raspamos' por encima comprobamos que comparte plataforma con Mondeo, S-Max y Galaxy, y la presentación del interior es prácticamente idéntica en los cuatro.

Curiosamente, y a pesar de ser el más largo -mide 4,81 metros-, su aforo se limita a cinco plazas; eso sí, ¡qué cinco plazas!. Porque si analizamos el espacio disponible tanto en las butacas delanteras como en la banqueta trasera, sencillamente es sobresaliente. Además, el piso prácticamente plano contribuye al bienestar de la plaza central.

Un detalle Premium es el denominado Control Activo de Ruido, de serie en toda la gama. Consta de tres micrófonos situados en el habitáculo capaces de detectar ruidos 'desagradables' y emitir ondas opuestas a través del equipo de audio para contrarrestarlos. Parece ciencia ficción, pero lo cierto es que el confort acústico es sobresaliente.

También nos gusta la cámara frontal que portaba nuestra unidad, aunque en este caso hay que pasar por caja: 350 euros. No es un capricho. El enorme morro dificulta la visibilidad. Su ángulo de 180º nos permite ver a ambos lados; por ejemplo, al salir de un aparcamiento. La cámara trasera sí es de serie.

No tendremos demasiados problemas para acomodarnos en las butacas delanteras calefactables -con ajuste eléctrico la del conductor- y, en opción, refrigeradas. Tampoco será un inconveniente dejar objetos por la multitud de espacios y guanteras, siendo una verdadera cueva, por su profundidad, la que hay entre los asientos. Ahora bien, me gustaría conocer al que diseñó la ubicación de las tomas USB en la consola central, dentro de un hueco con tapa y tan escondidas que no cabe la mano.

Ya hemos comentado que detrás el espacio es enorme, y el conjunto se remata con un maletero igualmente generoso gracias a los 602 litros que cubica. Para acceder a él, la ley de mínimo esfuerzo, ya que al portón con asistencia eléctrica añade en su dotación de serie la función manos libres que activa el mecanisno con sólo mover el pie por debajo del paragolpes.

Nos ponemos en marcha

Ford es una marca que habitualmente presume de una puesta a punto dinámica mucho más que aceptable en sus vehículos. De cualquier modo, como las preferencias a ambos lados del Atlántico son muy diferentes, se han revisado parámetros de la suspensión y la dirección para ajustarlos a los gustos europeos. También es el motivo de introducir las versiones diésel, las únicas disponibles en el Viejo Continente.

Nuestro protagonista porta el conocido motor diésel 2.0 TDCi de 180 caballos, lo que aquí obliga a asociarlo a una caja manual de seis velocidades. Quizás no sea la combinación ideal, pero si queremos la transmisión de doble embrague PowerShift habrá que elegir la variante con 210 CV. Decimos esto porque el propulsor va bien en líneas generales, pero conviene llevarle 'alegre' de vueltas para que dé lo mejor de sí. Las recuperaciones desde bajo régimen no son su principal virtud y el abanico de utilización no es demasiado amplio, pues por debajo de 2.000 rpm le cuesta y a 3.500 vueltas ya ofrece la potencia máxima.

Por este motivo hay que acudir al cambio con asiduidad, y el manejo de la palanca no es rápido precisamente, pues hay que marcar los movimientos del selector excesivamente y el tacto del pedal del embrague nos ha parecido más duro de lo deseable. Por lo tanto, en tráfico urbano o con atascos, trabajo extra...

Sí sorprende su comportamiento dinámico. Su corpulencia y peso -el conjunto acaricia las dos toneladas- indican una cosa, pero la realidad es que se mueve con más agilidad de lo que parece en un primer momento. En autopista es como una balsa de aceite, y cuando llegan las curvas la carrocería se sujeta, los balanceos no son tan acusados y la zaga redondea el giro con naturalidad.

Se nos pasaba por alto un detalle vital. Toda la gama monta de serie tracción total inteligente gestionada por un diferencial central que da prioridad al eje delantero en su entrega de par, aunque en caso de necesidad puede pasar prácticamente el cien por cien a las ruedas traseras para estabilizar el conjunto.

Sus prestaciones son suficientes, sin más, y frena con rigor y sin descomponer la figura, aunque en descensos prolongados el equipo tiende a fatigarse y conviene retener ayudándose con el motor. La dirección no es muy directa, pero esto se puede arreglar pasando de nuevo por caja: 700 euros cuesta la dirección eléctrica adaptativa, que no montaba nuestra unidad. No es el único guiño tecnológico, ni mucho menos. De serie incorpora un limitador inteligente de velocidad, reconocimiento de señales de tráfico, alerta de cambio involuntario de carril y de fatiga del conductor, y en opción tenemos asistentes de última hornada...

Y para el final hemos dejado el consumo. El peso elevado y los 180 CV se combaten en parte con elementos como el sistema Start/Stop o la carga regenerativa del alternador. El gasto medio en nuestra prueba ha sido de 7,2 litros, una cifra muy aceptable.

La clave

Su poderosa imagen, de estilo muy americano, ya es por sí misma un detalle que le diferencia. Si a eso unimos una notable habitabilidad, un excelente confort de marcha y una más que aceptable dinámica, gracias a su sólido chasis y a la tracción total, el Edge presenta credenciales de sobra para hacerse un hueco en el segmento de los grandes SUV. El motor diésel de acceso convence, pero este tipo de vehículos parece que pide a gritos un cambio automático que no está disponible para esta versión de 180 caballos. Una alternativa diferente, sin duda.

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