El final de las vacaciones trae consigo ese inevitable regreso a la rutina: despertadores, atascos, reuniones y agendas llenas. Pero no somos los únicos que notamos ese cambio de ritmo; nuestros coches también sufren el paso del verano y necesitan un pequeño respiro antes de volver a enfrentarse al día a día. Durante las semanas estivales, los vehículos han soportado más kilómetros, temperaturas extremas y usos poco habituales, lo que puede dejar huella en su mecánica y rendimiento.
Exposición prolongada al sol, largos viajes cargados hasta los topes, aire acondicionado funcionando al máximo, arena de playa colándose por cada rincón… todo esto afecta directamente a su estado general. Y aunque muchos conductores son previsores y realizan una revisión antes de emprender la aventura de las vacaciones, pocos recuerdan que la “puesta a punto” también es clave a la vuelta. Al igual que nosotros necesitamos adaptarnos de nuevo al ritmo laboral, el coche también requiere cuidados específicos para volver a su rutina sin sobresaltos.
5Carrocería e interiores: el sol y la sal también dejan huella en tus vacaciones

El verano no solo desgasta la mecánica, también pasa factura a la estética y el confort del coche. La exposición prolongada al sol provoca que la pintura pierda brillo y, en casos extremos, que aparezcan pequeñas grietas o decoloraciones. El salitre, la arena y el polvo también aceleran la corrosión de la carrocería y el deterioro de plásticos y tapicerías.
La solución más recomendable tras las vacaciones es una limpieza a fondo, tanto interior como exterior. Aplicar una capa de cera protectora en la carrocería ayuda a devolver el brillo perdido y crea una barrera contra los rayos ultravioleta. En el interior, un repaso con productos específicos para plásticos y tejidos evitará que el calor haya resecado materiales sensibles. Estos cuidados no solo mejoran la imagen del coche, sino que prolongan su vida útil y hacen más agradable el día a día.