martes, 31 enero 2023

«Storie Alfa Romeo», episodio séptimo. Una revolución en el diseño

A partir de los años treinta, los carroceros cambiaron su forma de trabajo y se convirtieron en expertos trabajando el metal. Batían la chapa a mano, directamente sobre un bastidor de madera, creando modelos únicos, con líneas redondeadas. Según iba evolucionando la producción industrial, las formas se simplificaron ya que las máquinas de estampado de esa época no permitían tanto refinamiento y tridimensionalidad. A finales de los años sesenta estas dos inspiraciones estilísticas se fueron separando, algo que se representó a la perfección por el 33 Stradale y el Carabo.

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Sobre la misma plataforma

El 33 Stradale y el Carabo, diseñados sobre la misma plataforma, no podían ser más diferentes. Uno todo nervios y músculos; el otro, todo líneas rectas y ángulos. Destacaban por su diseño ingenioso, por su selección de materiales y por un estilo que combina la innovación tecnológica y la creatividad.

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En 1964, Giuseppe Luraghi, presidente de Alfa Romeo, le surgió el deseo de volver a la competición. Por ello, adquirió Autodelta, una empresa de Udine que ya era un socio privilegiado en la producción de los TZ. Además, Carlo Chiti regresó a Alfa Romeo, asumiendo el papel de director de la escudería oficial. Ese año se comenzó a trabajar en el proyecto 33.

El primer bastidor del Tipo 33 diseñado por Alfa Romeo aterrizó en los talleres Autodelta en 1965, con una estructura tubular asimétrica en forma de «H», realizada en aleación de aluminio, con los depósitos de combustible integrados en su interior. En el frontal, una estructura de magnesio aportaba un excelente soporte para la suspensión delantera, los radiadores, la dirección y los pedales. Además, su carrocería era de fibra de carbono y el grupo motor/cambio se montaba longitudinalmente en una posición central trasera.

Tras dos años de trabajo, el 33 estaba listo para competir. Para las primeras pruebas, contaba con el 4 cilindros de 1570 cm3 del TZ2, mientas se desarrollaba un motor completamente nuevo, un 8 cilindros en V, una cilindrada de dos litros y una potencia de 230 CV.

El primero 33 en competir se apodó «Periscopica», por la toma del aire por encima de la barra antivuelco. Para su debut, se escogió la cronoescalada de Fléron, cerca de Lieja. Al volante, estaba en jefe de pilotos de pruebas de Autodelta, Teodoro Zeccoli. Tras su victoria en su debut, llegaron más éxitos en los siguientes años.

Tras su éxito, Alfa Romeo decidió producir una serie muy pequeña para particulares. El proyecto se le encomendó a Franco Scaglione, que puso toda su experiencia en el diseño del 33 Stradale, un modelo que se diferenciaba de la versión de carreras por la ampliación de la distancia entre ejes en 10 centímetros y un bastidor de acero en lugar de uno de aluminio. Este coche liviano, con 230 CV de potencia, podía alcanzar los 260 km/h y podía pasar de 0 a 100 km/h en 5,5 segundos.

Un gemelo no idéntico

En el Salón del Automóvil de París de 1968 se presentó el Carabo. Basado en la mecánica del 33 Stradale, su nombre se inspiró en el «Carabus auratus», un escarabajo de colores metálicos brillantes.

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Por otra parte, en el Salón de Ginebra de 1970 se presentó el Montreal, un nuevo modelo con un motor derivado del Tipo 33, con una cilindrada elevada a 2.6 litros y una potencia limitada a 200 CV.