La startup de vehículos eléctricos (EV), Fisker, se ha declarado en bancarrota en Estados Unidos después de enfrentarse a todo tipo de situaciones en la búsqueda de viabilidad. Por ejemplo, han sido meses de problemas de calidad con su crossover Ocean, o un intento fallido de asociarse con un importante fabricante de automóviles… Y para rematarlo, las pérdidas millonarias.
La compañía creada por Henrik Fisker entra en una dinámica que no es la que parecía cuando el fundador tenía como objetivo convertirse en alternativa a Tesla. Algo que Fisker no ha conseguido en ninguno de sus dos intentos.
La primera aventura de Henrik Fisker acabó en 2013
Esta es la segunda compañía automovilística fundada por Henrik Fisker que termina en bancarrota. Su compañía anterior, Fisker Automotive, que fabricó el Karma híbrido enchufable, se declaró en bancarrota en noviembre de 2013. En 2014, los activos de la startup fueron vendidos.
La matriz de la compañía, Fisker Group, presentó una solicitud de protección por bancarrota bajo el Capítulo 11 en Delaware el 17 de junio, con activos estimados entre 500 millones y 1.000 millones de dólares y pasivos entre 100 millones y 500 millones de dólares. Según la solicitud judicial, la compañía tiene entre 200 y 999 acreedores. Y esta medida está tomada para proteger a la marca de sus acreedores mientras elabora un plan para pagarles.
«Al igual que otras compañías en la industria de vehículos eléctricos, nos hemos encontrado con diversos vientos en contra tanto dentro del mercado como en términos macroeconómicos que han afectado nuestra capacidad para operar eficientemente», anuncio la compañía en un comunicado. «Después de evaluar todas las opciones para nuestro negocio, llegamos a la conclusión de que proceder con la venta de nuestros activos bajo el Capítulo 11 es el camino más viable para la compañía».

La producción del Fisker Ocean, parada desde marzo de este año
De los problemas mencionados, la producción del SUV Ocean ha sido el primer fracaso. La producción de este SUV se paralizó en marzo de este año en la planta de Magna Steyr en Austria. Fisker construyó más de 10.000 unidades de este modelo en 2023, pero esta cifra fue menos de una cuarta parte de sus previsiones iniciales, y solo entregó alrededor de 4.700. Además, el mes pasado, el organismo regulador de seguridad automovilística de EE.UU. abrió una investigación preliminar sobre algunos Ocean fabricados por Fisker en 2023.
Magna, el fabricante contratado, anunció en mayo que esperaba una pérdida de ingresos de 400 millones de dólares este año debido a la pausa en la producción de Fisker. Ese anuncio también se concretó en el recorte de 500 empleos en la planta de Graz.
En marzo, el final de las conversaciones con un gran fabricante de automóviles con el que pretendía asociarse llevó a Fisker a buscar otras opciones estratégicas, incluidas reestructuraciones judiciales o extrajudiciales y transacciones en los mercados de capitales. Por ejemplo, según informaciones recogidas por la agencia Reuters Nissan estaba en conversaciones avanzadas para invertir en Fisker en un acuerdo que le proporcionaría acceso a la firma japonesa al pick up eléctrico Fisker Alaska.

Fisker ya comenzó a expresar en febrero dudas sobre su capacidad para continuar operando y en ese momento detuvo las inversiones en proyectos futuros hasta asegurar una asociación con algún otro fabricante. También puso en marcha otra medida, la reducción de su plantilla en aproximadamente un 15% debido a las dificultades para vender sus Ocean.
Henrik Fisker, diseñador de automóviles que trabajó para BMW, Tesla y Aston Martin, lanzó Fisker en 2016 junto con su esposa, Geeta Gupta-Fisker, quien es la directora financiera. La startup adoptó una estrategia «ligera en activos», utilizando a Magna Steyr para construir el Ocean, en lugar de construir sus propias fábricas.
Fisker presentó por primera vez el Ocean en el Salón del Automóvil de Los Ángeles en 2021. El crossover fue diseñado para ser asequible, con un precio base de menos de 40.000 dólares y una autonomía de aproximadamente 400 km (250 millas). El modelo de producción de 2023 cumplió en gran medida con estos objetivos, aunque los precios base fluctuaron.
Un momento de mercado complicado

La bancarrota de Fisker se produce en un momento en que los fabricantes de coches eléctricos se enfrentan a dificultades para adaptarse a la desaceleración de las ventas en EE.UU. y Europa y la disminución de la demanda de los consumidores. Aunque el entusiasmo por los vehículos eléctricos sigue siendo fuerte, se concentra sobre todo en China, que acaparará casi el 60% de las ventas globales de coches eléctricos en 2024.
A pesar de los desafíos, la compañía americana está en conversaciones avanzadas con compañías financieras para obtener financiación para hacer frente a su deuda y ha tomado medidas para garantizar que sus operaciones básicas puedan continuar, incluyendo el pago a sus empleados y la preservación de ciertos programas para clientes y proveedores. La parada en la fabricación seguirá en vigor mientras la compañía negocia todo el proceso de bancarrota.