sábado, 3 diciembre 2022

Rolls-Royce y Fabergé crean este impresionante huevo de Pascua

Es probable que te suceda como a mí y no estés muy puesto en el mundo de la alta joyería, pero no me creo que en tu vida no hayas oído hablar de la exclusiva firma Fabergé, una empresa fundada en San Petesburgo allá por el siglo XIX y estréchamente ligada a la Pascua. Tanto es así que en el año 1885 el emperador Alejandro III de Rusia quería un regalo único para su esposa en Pascua, y no quería precisamente un huevo de chocolate, sino toda una obra de arte.

Desde entonces, Fabergé ha estado fabricando de forma artesanal y con materiales preciados, estas auténticas obras de arte que han llegado a alcanzar precios realmente desorbitados en algunas subastas. Tanto es así, que el tercer huevo imperial creado por Fabergé en 1887 se vendió en una subasta en el año 2014 por la escalofriante cifra de de 33 millones de dólares.

Diseñado en Rolls-Royce y fabricado en Fabergé

El exclusivo joyero de San Petesburgo ha seguido fabricando estas piezas y en el año 2018 ya colaboró con la firma de Goodwood para crear uno de sus huevos inspirado en el inconfundible 'Espíritu del Éxtasis' que decora la parrilla de todos los Rolls-Royce. Pues bien, ese mismo motivo se ha vuelto a reeditar para un cliente tan especial como anónimo.

Esta pieza ha sido diseñada por Stefan Monro y Alex Innes, pero luego fue presentado a la diseñadora principal de Fabergé, Liisa Tallgren.

Una vez aprobado el diseño, esta pieza de arte cobró vida gracias a un equipo formado por siete artesanos, que fabricaron un cuerpo en oro blanco de 18 quilates, donde llama la atención un pedestal grabado a mano y cubierto en guilloché esmaltado en color púrpura.

La forma de huevo la dan sus brazos, que pueden abrirse o cerrarse, los cuales están fabricados en oro rosa y cubiertos con cerca de diez quilates de diamantes redondos, los cuales no están solos, pues se acompañan de más de 390 quilates de amatistas moradas. Todo ello envuelve al 'Espíritu del Éxtasis' fabricado a partir de una pieza de cristal de roca esmerilado y esculpido a mano.

Esta obra de arte fue presentada directamente en los talleres de la firma británica y posteriormente ha sido expuesto en la tienda que Fabergé tiene en Londres, antes de ser entregado a su afortunado propietario.