Viajar al extranjero con un coche de alquiler es, para muchos conductores, la forma más cómoda de explorar un país. Permite libertad de movimiento, independencia de horarios y llegar a rincones a los que sería difícil acceder en transporte público. Sin embargo, esa libertad también implica responsabilidades. Una multa de tráfico en el extranjero puede arruinar un viaje idílico y convertirse en un dolor de cabeza cuando ya hemos regresado a casa.
Las sanciones en carretera no entienden de idiomas ni de fronteras. Lo que antes quedaba olvidado en la distancia hoy se gestiona con sistemas de cooperación internacional entre países. Esto significa que, aunque la infracción ocurra a miles de kilómetros, el conductor identificado a través de la empresa de alquiler acabará recibiendo la sanción en su domicilio. Y no solo eso: normalmente también se suma un recargo por gestión administrativa de la compañía. Conocer este proceso y saber cómo actuar es fundamental para evitar sorpresas desagradables.
4Ejemplos reales: de una multa pequeña a un gran problema

Las hemerotecas están llenas de ejemplos de conductores que subestimaron el alcance de estas sanciones. Un caso conocido ocurrió en Barcelona, donde un conductor terminó pagando 1.800 euros por una multa que originalmente era de 150. ¿El motivo? La notificación se perdió porque la empresa de alquiler no tenía sus datos actualizados, y el importe fue aumentando con recargos e intereses.
Otro ejemplo: una turista suiza ignoró varias multas de aparcamiento en Italia pensando que no tendrían repercusión. Ocho meses después, recibió una notificación oficial en su país de residencia y tuvo que abonar todas las sanciones, con intereses incluidos. Estos casos demuestran que confiar en que la distancia o el olvido protegerán al conductor es un error.