Chrysler Turbine Car de 1963. El auge de la aviación propició esta creación
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Chrysler Turbine Car de 1963. El auge de la aviación propició esta creación

Como su propio nombre indica, este Chrysler Turbine Car de 1963 escondía bajo el capó un motor a reacción digno de la aviación.

Santiago Casero

20 de Marzo 2021 19:00

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A lo largo de la historia del automóvil, muchas han sido las innovaciones, soluciones e incluso locuras, que se han ido probando en los distintos coches y por los distintos fabricantes. En este sinfín de ideas, una destaca por encima de todas: la que tuvo Chrysler a mediados de la década de los 50. Y es que la compañía americana decidió explorar la vía de montar motores a reacción en los coches, debido al tremendo auge que estaba cosechando el mundo de la aviación en aquella época.

El deseo de conquistar el cielo

Es cierto que visto ahora puede parecer un disparate, pero por aquel entonces, en Chrysler solo vieron ventajas; ya que eran silenciosas, no precisaban apenas de mantenimiento y tenían una relación peso-potencia de lo más interesante.

Comenzaron entonces con el desarrollo en los años 50, aunque pronto se dieron cuenta de los otros muchos inconvenientes que albergaba hacer esto en un coche, como el altísimo consumo de combustible, el gran calor que generaba o la tardanza o retraso que experimentaba el coche en la aceleración hasta que esta se daba. Sin embargo, los ingenieros siguieron con el desarrollo y para principios de los 60 la compañía tenía listos unos 50 prototipos.

El coche fue diseñado por Elwood Engel y construido por Ghia, y se mandaron a hacer pruebas y tests por todo el país, antes de que volviesen a la fábrica y fueran destruidos... Pero no todos acabaron hechos pedazos, 9 unidades se reservaron, casi todas para ir a parar a museos, donde hoy en día siguen expuestas. Sin embargo, dos de estos nunca llegaron a tener este 'empleo', puesto que se vendieron a particulares. Es por tanto el ejemplar de las fotografías, uno de los dos únicos Chrysler Turbine Cars que pertenecieron a particulares, siendo el otro propiedad de Jay Leno. Este en particular, con número de chasis 991231, perteneció al coleccionista Frank Kleptz, quien lo compró en los años 80. Antes que él, el dueño del coche fue Tom Monaghan, el fundador de Domino's Pizza.

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