La Red de Carreteras del Estado ha elevado entre 2022 y 2024 los tramos clasificados como de Riesgo Alto de sufrir un siniestro de tráfico. Por primera vez en 15 años, se ve un aumento del índice de riesgo en autovías y autopistas. En total hay 3.122 kilómetros, equivalentes al 11,8% de la red que presentan un riesgo elevado o muy elevado de que los conductores puedan sufrir un siniestro grave o mortal,
Son algunos de los datos que recoge el informe de Riesgo de accidentalidad en la Red de Carreteras del Estado, elaborado por el programa internacional de evaluación de carreteras iRAP, del que forman parte la Fundación RACE y el RACC. .
El estudio tiene como objetivo identificar aquellos tramos de la Red de Carreteras del Estado donde la probabilidad de sufrir un siniestro grave o mortal es significativamente superior a la media. Para ello, se han tenido en cuenta un total de 3.873 siniestros con víctimas, de los cuales, 1.192 fueron siniestros mortales con un total de 1.341 fallecidos, y 2.377 fueron siniestros con heridos graves, con un total de 3.566 personas lesionadas, asignados a 3.595 tramos de carretera con una longitud total superior a 26.470 km.

Según las conclusiones de los analistas, en los tramos de riesgo alto se ha registrado, además, un aumento de los siniestros mortales y de las personas fallecidas. En concreto, el número de siniestros ha aumentado un 11% respecto al informe anterior, pasando de 85 a 95, y el número de fallecidos ha sufrido un aumento de un 13%, pasando de 92 a 106 fallecidos. A estos datos se añade, además, un incremento muy notable (23%) del número de heridos graves, que asciende hasta 352 personas en el periodo analizado. Este comportamiento confirma una mayor severidad global de los siniestros en los tramos de carretera de riesgo elevado.
El problema está en las carreteras convencionales, pero las de alta capacidad suben el riesgo
Según los datos del informe, el mayor riesgo se concentra en las carreteras convencionales: calzada única, tráfico mixto con coches y camiones compartiendo espacio, intersecciones al mismo nivel, accesos directos desde fincas o negocios y escasos márgenes de seguridad.
El riesgo en estas vías es cuatro veces superior a las de alta capacidad, pero estas aumentan su índice de riesgos por primera vez en 15 años. Las carreteras convencionales mantienen un índice de riesgo del 24,4% mientras que en las autopistas y autovías, ese índice ha subido del 6,1% al 6,4% respecto al anterior estudio correspondiente al periodo 2021-2023.

La Rioja encabeza el ranking de comunidades con más tramos de alto riesgo con un 14,16% de su red. Le siguen Aragón (6,31%), Galicia (5,36%), Cataluña (4,95%), Castilla y León (3,82%) y Andalucía (3,4%), todas ellas por encima del promedio nacional, que se sitúa en el periodo analizado en un 3,35%, frente al 2,9% registrado en el periodo 2021–2023, lo que indica un aumento del peso relativo de los tramos peligrosos en el conjunto de la red analizada.
Hay 15 carreteras que concentran el 51% del total de kilómetros de riesgo elevado y muy elevado, que se registran en tan solo 1.601 kilómetros. Se trata de la N-330 (de Alicante a Zaragoza), que encabeza la lista con un total de 152 kilómetros con riesgo elevado o muy elevado. Le sigue la N-420 (de Tarrágona a Córdoba), con 149 kilómetros; y la N-630 (Ruta de la Plata) que acumula 142 kilómetros.
El informe también advierte de que ciertos ejes viarios, como la N-340, la N-260 o la N-432, acumulan tramos peligrosos de forma consecutiva. Se trata de vías en las que el riesgo se repite y la accidentalidad no puede interpretarse como una suma de episodios aislados.
Por ejemplo, la N-340, que es la carretera más larga de España, con unos 1.248 kilómetros que conectan Cádiz y Barcelona, presenta 10 tramos, equivalentes a 96,4 kilómetros clasificados de riesgo medio-alto o alto. En particular, concentra 4 tramos negros y en el periodo analizado suma 67 siniestros con 8 personas fallecidas y 65 heridos de gravedad.
El tramo con mayor probabilidad de sufrir un accidente grave o mortal se encuentra en la N-340 en Tarragona, en Mont-Roig del Camp.
Los motoristas, el colectivo más vulnerable

Con 1.131 siniestros registrados, 258 fallecidos y 942 heridos graves, los motoristas representan el 29,2% de todos los accidentes con víctimas en la red analizada. Estos datos ponen de manifiesto una mayor vulnerabilidad de este colectivo frente a otros medios de transporte, ya que concentra el 19,2% de los fallecidos y el 29,2% de los heridos graves.
Por otro lado, la presencia de vehículos pesados en los siniestros ha bajado del 10% en 2022 al 7% en 2024. Sin embargo, los siniestros en los que se ven implicados vehículos pesados son especialmente graves: 113 siniestros con fallecidos y 220 con heridos graves en el periodo analizado.
La conclusión del informe es clara. La siniestralidad grave y mortal en la Red de Carreteras del Estado no se distribuye de forma homogénea, sino que se concentra en un número limitado de tramos donde el riesgo se mantiene o se intensifica. En este sentido, no depende solo de medidas generalistas, sino de actuar de manera prioritaria sobre tramos concretos de la infraestructura que presentan un alto índice de siniestralidad.
Por otro lado, los analistas insisten en que este informe es «una herramienta para decidir dónde actuar primero» y abordan una serie de medidas que deberían abordarse para actuar sobre los tramos negros de la red. Especialmente, inciden en la necesidad de actuar sobre los tramos de riesgo en carreteras convencionales y los que presentan mayor accidentalidad por kilómetro, los entornos en los que confluyen vehículos pesados y un riesgo estructural elevado y tramos con especial siniestralidad para motoristas.
«La evidencia aportada señala que una parte sustancial de la siniestralidad grave y mortal es prevenible si el sistema viario reduce su intolerancia al error en los tramos y corredores donde el riesgo se repite y se intensifica. La combinación de metodología iRAP, análisis por tramos y enfoque de severidad permite orientar políticas de infraestructura y gestión de la movilidad hacia el objetivo central: que los errores no se conviertan en muerte o lesión grave», concluyen los expertos.








